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lunes, 7 de noviembre de 2011

Dos sencillos consejos antes del debate

Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba. Rubalcaba y Rajoy. Ambos se enfrentarán en breves horas a un debate televisivo cara a cara en el que, más allá de algunos votos, lo que se juegan es cumplir con las expectativas que cada uno genera con su marca política personal. Por eso, el que quiera salir victorioso del debate y beneficiarse de un poco más de popularidad el 20 N deberá centrar sus esfuerzos en:

1. Intentar ganar por mérito propio y no mediante la destrucción del rival. Los tiempos han cambiado y la mayoría de los votantes ya no se identifica pasionalmente con un partido u otro. La sociedad se ha dejado de dividir en bandos. La perspectiva del ciudadano es cada vez más independiente y apartidista, por lo que ya no busca a toda costa el éxito de su partido favorito o de su candidato sino su propio beneficio individual. El escepticismo no se dirige sólo hacia los gobernantes en la actualidad, es una actitud que se dirige a la clase política en general. La respuesta del "y tú más" pertenece a un modelo de discusión política agotado. Los candidatos lo harán mejor si se concentran en exponer sus propuestas en lugar de desmontar las del contrario, sino los efectos de la estrategia destructiva prevalecerán sobre lo demás y los dos saldrán perdiendo.

2. Intentar ganar el debate fuera del plató, no dentro. El fin del debate no es que ninguno de los dos gane un duelo personal contra su mayor enemigo. Plantear el debate así sería un gravísimo error pues la discusión no girará en torno a una cuestión entre dos personas, sino en torno al futuro de un país. Cualquiera de los dos que caiga en las provocaciones del contrario y convierta la confrontación en cuestión de orgullo personal podrá ganar su batalla particular pero perderá el contacto con la gente que está en sus casas. Es a estos a quienes tienen que convencer, no al oponente que tienen enfrente. Demostrar ser superior o tener mejor capacidad oratoria no es suficiente para vencer un debate electoral, lo que realmente importa es conectar con los que te están viendo. 

¿Estás de acuerdo?

jueves, 3 de noviembre de 2011

Políticas para una Europa baja en carbono

Este artículo es el resultado de un guest posting (intercambio de posts) entre el blog Ecointeligencia y este. Como resultado de este intercambio puedes encontrar un artículo mío en aquel blog. El artículo que vas a leer aquí a continuación es obra de Ricardo Estévez (@ricardo_estevez), un emprendedor apasionado de las nuevas tecnologías, implicado con el medio ambiente y con una extraordinaria capacidad personal de impacto. ¡Hacen falta más empresarios así! Su artículo es un estimulante análisis de la situación de las políticas energéticas en Europa que nos debe llevar a la implicación con el cumplimiento de los objetivos climáticos y hacia el optimismo.

A mediados de 2009 los países de la Unión Europea anunciaron el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero al menos en un 80% respecto a los niveles de 1990 para el 2050. Para ello la Fundación Europea para el Clima (ECF) realizó un estudio denominado Hoja de Ruta hacia 2050: una guía práctica para una Europa prospera baja en carbono en el que se incluían políticas a abordar en los próximos años. De esta manera, la Unión Europea (UE) ha apostado por un desarrollo bajo en carbono como palanca de cambio hacia la economía verde y sostenible.

En esta Hoja de Ruta se establecen las claves para que la UE pueda convertirse en una economía hipocarbónica o baja en carbono, más respetuosa con medio ambiente y más competitiva, donde la competitividad nos llegará, principalmente, por una mayor eficacia y eficiencia energética, y por la mejora de la balanza de pagos, debido a la reducción de las importaciones de productos energéticos.

A modo de resumen introductorio revisemos las premisas y compromisos ya asumidos por al Unión Europea y sus estados miembros:

·    Conseguir una Europa que utilice eficazmente todos sus recursos, y en especial, los energéticos.
·    A través de los conocidos como los Objetivos 20/20/20, los Estados miembros se han comprometido ya a reducir un 20% las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), aumentar hasta un 20 % la parte de las energías renovables en la energía final de la UE y lograr el objetivo de un 20% de mejora en la eficiencia energética de aquí a 2020.
·        Para contener el incremento de temperatura por el cambio climático por debajo de los 2º C, el Consejo Europeo reafirmó en febrero de 2011 el objetivo de la UE de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero entre un 80% y un 95% de aquí a 2050 respecto a los niveles de 1990.

Volviendo a la Hoja de Ruta, en ella se identifican las posibles actuaciones hasta 2050 que permitirían a la UE reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de conformidad con el objetivo acordado, incluyendo los objetivos intermedios 2020, 2030 y 2040, los retos políticos y las necesidades y oportunidades de inversión en los diferentes sectores. Es importante tener en cuenta que el objetivo de reducción del 80% al 95% de la UE debe alcanzarse en gran parte a nivel interno, es decir, sin recurrir a los llamados mecanismos de flexibilidad previstos en Kioto (por ejemplo, mercados de carbono y mecanismos de desarrollo limpio) que es de suponer persistirán en los nuevos acuerdos multilaterales que salgan en la próxima Cumbre de Durban.

El análisis de las distintas hipótesis realizado por la Fundación muestra que la vía económicamente ventajosa sería una reducción de emisiones internas del orden del 40% y del 60%, respecto a los niveles de 1990, en 2030 y 2040, respectivamente, debiendo alcanzarse una reducción del 25% ya en 2020. Lo que significa una reducción anual significativa, del orden del 1% en la primera década hasta 2020, del 1,5% en la segunda década, de 2020 a 2030, y del 2% en las dos últimas hasta 2050, graduando el esfuerzo con el tiempo a medida que se disponga de un conjunto más amplio de tecnologías viables. Sin olvidar que estas son reducciones mínimas ya que responden al objetivo más bajo, el 80% en 2050, de la franja deseable 80-95%, aunque se asume que se hacen a nivel interno, lo que da un cierto margen.

Según esta Hoja de Ruta, si se aplicaran las políticas actuales, incluido el compromiso de lograr un 20% de energías renovables y un 20% de eficiencia energética de aquí a 2020, la UE podría superar el objetivo actual de reducción de emisiones del 20% y conseguir una reducción del 25% para 2020.

Para conseguir una economía baja en carbono resulta indispensable la implementación completa del Plan Estratégico Europeo de Tecnología Energética, que requiere una inversión adicional de 50.000 millones de euros en I+D+i en los diez próximos años, y para cuya financiación la Comisión Europea propone que se utilicen los ingresos derivados de las subastas de derechos de emisión y parte de los fondos de la política de cohesión.

Otro aspecto clave del análisis es el de las posibilidades de reducción en distintos sectores clave, algunos de gran interés para España, que se puede beneficiar de estos planteamientos ambiciosos dada su posición privilegiada. Hablaríamos no solo del sector eléctrico, por su potencial en energías renovables, sino también del sector del  transporte, por su capacidad tecnológica en infraestructuras ferroviarias, y del sector agrícola y ganadero, por su potencial tanto en planteamientos tanto extensivos como intensivos.

Con los breves apuntes expuestos, es fácil deducir que nos encontramos ante opciones estratégicas trascendentales para la UE y para nuestro país, en particular en materia energética, donde no basta gestionar los cambios sino que debemos anticiparlos, protagonizarlos y liderarlos. España tiene la oportunidad de liderar la llamada Tercera Revolución Industrial esta vez basada en el abandono de los combustibles fósiles y desarrollo de las energías renovables. Para ello creemos indispensable abandonar el corto plazo y apostar con nuevas políticas, con horizontes a medio y largo plazo, siguiendo las pautas marcadas por esta Hoja de Ruta comunitaria que nos tiene que llevar para una economía baja en carbono para 2050.

miércoles, 1 de junio de 2011

Cómo comportarse tras una derrota electoral

Berlusconi, "demasiado ocupado para organizar su funeral". Foto: europeanpeopleparty
A nadie le gusta perder. Menos aún gusta perder en una pugna directa y frontal entre bandos como son las convocatorias electorales. Sin embargo, las elecciones siempre dejan vencedores y vencidos, unos se quedan en el gobierno y otros en la oposición, unos grupos cogen fuerza y otros retrasan sus posiciones. En pocos días, hemos visto en sendas elecciones locales la caída contundente del PSOE en España y del PdL en Italia. Duro trago, sin duda, para los dirigentes de ambos partidos pero también para todos aquellos que han liderado candidaturas de su formación que han fracasado. Bien, ¿cómo deben unos (líderes nacionales) y otros (candidatos locales/autonómicos) comportarse en situaciones así?

Qué no hacer (errores más frecuentes):
  1. Esconderse avergonzado durante varios días, sin aparecer en público ni hacer declaraciones.
  2. Mostrarse molesto y evidenciar que la derrota te ha desestabilizado personalmente.
  3. Restar importancia a los resultados, despreciando, por tanto, la voluntad expresada por la ciudadanía.
  4. Culpar a los votantes por no haber votado por ti, como si tú lo hubieras hecho todo bien y ellos mal.
  5. Escudarse en factores externos que podrían haber influido en la derrota para eludir la propia responsabilidad. 
  6. Personalizar la derrota en una única cara visible del partido.
  7. Buscar cualquier explicación peregrina para intentar vender la derrota como una victoria relativa.
  8. Seguir con el mismo tono de la campaña electoral, como si todavía fuera posible cambiar el resultado de las elecciones y ganarlas.
  9. Aferrarse a un cargo que puede haber perdido gran parte de su legitimidad.
  10. Buscar una solución rápida a la situación creada por la derrota, que puede desembocar en una crisis más profunda.
Qué hacer (no se ve tan frecuentemente):
  1. Dar la cara pronto y no dar lugar a especulaciones. 
  2. Asumir la derrota, adoptar el papel de oposición y ofrecer colaboración institucional al vencedor de las elecciones.
  3. Guardar una actitud positiva y mostrarse agradecido por los apoyos recibidos.
  4. Seguir escuchando a los ciudadanos que han apoyado tus siglas con el mismo interés que durante la campaña.
  5. Abordar de manera abierta la reflexión sobre la derrota electoral y dejarse aconsejar por personas de opinión cualificada: ex dirigentes, líderes de opinión, profesionales externos, etc.
  6. Asumir la derrota de manera colectiva, teniendo en cuenta que seguramente se haya debido tanto a un fracaso tanto de proyecto como de personas.
  7. Cerrar etapa. Dejar atrás la dinámica de la campaña electoral, olvidar disputas y provocaciones y centrarse en las tareas de representación democrática.
  8. Poner a disposición del partido los cargos que puedan haber visto afectada su legitimidad por los malos resultados.
  9. Dar participación al mayor número de personas en la búsqueda de soluciones y para el comienzo de la remontada.
  10. Iniciar un proceso de renovación que sea visto como positivo por los ciudadanos y les ayude a recuperar la confianza en la organización.

viernes, 20 de mayo de 2011

La campaña se animó, pero por los indignados

Artículo publicado para Vega Media Press.

Seamos sinceros. Sin desmerecer a ningún candidato ni candidata, en nuestra Región hemos vivido una campaña electoral bastante pobre. Pobre por falta de emoción en lo que a probabilidades de cambio de gobierno se refiere, de acuerdo con unos sondeos que reflejan distancias abismales entre partidos. Pero pobre también porque apenas se ha hablado de programas, ni de propuestas, ni de soluciones y, en general, hemos escuchado pocas ideas nuevas. Tampoco ha habido debates entre los principales candidatos. Además, los grandes mítines se demuestran cada vez más desfasados como canal de contacto con el votante y se quedan en meros actos de militantes que tienen escaso efecto social fuera del pabellón, hotel o plaza de toros en los que se celebren. Por si eso fuera poco, lo que pasó desgraciadamente en Lorca (y seguirá sin resolver hasta que todo el mundo esté de nuevo en casa, no nos olvidemos) ni que decir tiene que ha cambiado mucho el ambiente previo a la llamada ‘fiesta de la democracia’, es decir, la jornada de elecciones municipales y autonómicas que nos toca. Después de lo sucedido en Lorca, la campaña no se podía continuar como si nada hubiera pasado. Se retomó, pero teniendo a las víctimas y a los afectados por el terremoto muy presentes.

Cuando parecía que ya solo teníamos que esperar hasta el domingo y cumplir con el trámite de ir a votar, las manifestaciones que se han venido realizando desde el 15 de mayo y que han generado acampadas en el centro de ciudades de toda España han animado inesperadamente la campaña electoral en su tramo final, eclipsando incluso la agenda de campaña de los partidos. La movilización de un sector joven de la población que se ve sin futuro ha superado las expectativas iniciales y ha creado el germen de un movimiento mucho más amplio y diverso. No tiene una única voz pero la mayoría de los movilizados coinciden en que son necesarias mayores cuotas de democracia, más allá de la periodicidad de las convocatorias electorales, y soluciones urgentes a los problemas de los ciudadanos, principalmente el desempleo y la pérdida generalizada de calidad de vida. La verdad es que dada la situación política y económica que vive nuestro país ya iba siendo hora de que alguien protestase con energía ante estas realidades.

Sin embargo, es pronto para hacerse ilusiones. Todavía falta por ver si la protesta sirve solo para que los políticos actúen apagando el fuego y se cuelguen las medallas de responder a las demandas de la población o si sirve para que la ciudadanía tome definitivamente el poder. El movimiento está aún sin consolidar. Habrá que seguirlo de cerca para ver cómo evoluciona y ver si es capaz de conservar su naturaleza de corriente crítica. Primero, habrá de comprobarse que la protesta va más allá de un calentón pasajero. Luego, habrá de demostrarse que los que han iniciado esto saben mantenerse en su sitio y aguantan los pulsos que les echen. Si los individuos pierden el control del movimiento y este se instrumentaliza por los grupos de siempre, entonces se escapará una buena oportunidad para mejorar el funcionamiento de nuestra democracia y conseguir que se adopten medidas como la reforma del sistema electoral, la limitación de los mandatos, sistemas de transparencia política y de democracia directa, etcétera.

En cualquier caso, lo que a mí como ciudadano me preocupa más es que este movimiento de los indignados, la ‘Spanish revolution’, pone de manifiesto el deterioro de la política en nuestro país y la carencia estructural de nuestro sistema político para que se emprendan reformas democráticas de calado dentro de una normalidad y sin la necesidad de llegar a este tipo de situaciones. Las campañas serían mucho más bonitas y animadas si la relación de los ciudadanos con los políticos y con el sistema de gobierno fuera un tema mucho más habitual en el debate político así como en los programas electorales. Y nos iría bastante mejor si el desarrollo de nuestra ciudadanía no fuera sólo el último recurso al que recurrimos cuando ya nos vemos sin salida ante problemas que se vienen arrastrando desde hace ya tiempo.

lunes, 9 de mayo de 2011

Tener un blog y no contar con la obligación de postear

Tener un blog supone una responsabilidad. Quien tiene uno sabe que requiere más cuidados que un gremlin. Primero, cuando te decides a crear un blog -aunque en ese momento no sepas ni para qué lo quieres- has de saber elegir dónde lo alojas. En mi opinión, en estos momentos Blogger le gana la partida como servicio gratuito a Wordpress con mucha diferencia: Blogger no te introduce publicidad no deseada en el blog y te deja editarlo/personalizarlo completamente al gusto, cosa que Wordpress no permite. Pero para el que no está familiarizado con el mundo de la web 2.0 llevar un blog no sólo supone tener que aprender la técnica de algo nuevo sino también introducirse en un nuevo espacio virtual muy activo, cambiante e incontrolado (es decir, libre). 
Imagen: worldbank.org
Sin embargo, si a las dos semanas de crear tu blog no lo has abandonado, habrás descubierto que para que el "cuaderno on-line" sea algo relativamente interesante y, por lo menos, reciba tráfico (aunque sea de los buscadores automáticos que van por ahí rastreando sitios) lo que se necesita son buenas dosis de disciplina para su mantenimiento. Mantener el blog no es otra cosa que actualizarlo con cierta frecuencia con contenidos nuevos (voces expertas recomiendan hacerlo al menos una vez a la semana, igual que otras cosas) y retocar un poco el aspecto del mismo de vez en cuando para que no pierda el atractivo con el paso del tiempo. Parece que la mayoría de los que crean un blog y tiran para adelante con él tienen esto bastante claro, hay que actualizar: postear o morir. La filosofía es la correcta, sobre todo para quienes llevan un blog profesionalmente. No obstante, la obligación de actualizar desemboca muchas veces en:

Posts vacíos, sin mensaje ni intención
Duplicidad de contenidos de otros sitios/webs
Repetirse uno mismo
Falta de originalidad
Pérdida de nivel de expresión

Son cosas que, desde luego, habría que evitar si se quiere mantener un blog de calidad, al margen de las visitas que reciba. No todo el mundo puede convertirse en una autoridad de las redes sociales, ni probablemente lo desee. Ya se trate de un blog profesional o personal, ni recomiendo usar el blog para opinar de todo lo que pasa ni tampoco para convertir la propia vida en un Gran Hermano. 

Todo esto me ha venido a la mente al pensar sobre la campaña electoral y en la política 2.0, que alcanza sus niveles más altos de actividad en nuestro país estos días, y que me ha llevado a recordar lo maravilloso que es vivir sin la obligación de postear y, en cambio, hacerlo únicamente por placer. Si también es tu caso, disfruta mientras puedas.

lunes, 2 de mayo de 2011

Comunicar la crisis: política y economía más unidas que nunca

Comunicar en tiempos difíciles se puede parecer más al arte de la negociación que al de comunicar en sí mismo. Cuando no se tienen grandes ilusiones que vender o cuando, a pesar de tenerlas, al público no le importa en absoluto aquellas cosas buenas que un gobierno pueda estar haciendo o las que anuncia que desea hacer y, además, comienza a hacer saña de cada uno de los errores que comete, entonces ese gobierno tiene un gran problema. El público, la ciudadanía, tiene unas demandas sobre las que se centra por absoluto su atención y no desea saber de ningún otro tema que no sea sus urgentes peticiones. En tal situación, la prioridad del político en el gobierno –si quiere permanecer en el cargo y no poner fin a su carrera política de por vida- debe ser la de resistir frente al temporal y evitar que el sentido de la opinión pública vaya a peor hasta que llegue un momento en que esa opinión pueda mejorar.
Imagen: Picalls.com
La actual coyuntura, una crisis económica global que en países como el nuestro ha calado más profundamente y cuya única solución hasta el momento pasa por reducir gasto público y consumo[1] (energético, especialmente) está llevando al ciudadano medio español a situaciones que plantean en muchos casos serias dificultades de subsistencia e incluso riesgo de exclusión social y, con carácter global, a una pérdida evidente de nivel y calidad de vida de la mayoría de los españoles. Ante tal contexto, no es de extrañar que los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) desde hace un tiempo vengan situando al paro y a la economía en primer y segundo lugar entre las preocupaciones de la opinión pública española[2]. Cada problema tiene su significación específica: el paro tiene una fuerte connotación individual (preocupación por las consecuencias personales de estar en el paro o de caer en él) y la preocupación por la economía además incluye una significación un tanto más global por aspectos macroeconómicos que afectan al país y a los ciudadanos al nivel de sociedad (recortes sociales, reducción de la inversión pública, subida de los intereses bancarios, declive de ciertos sectores económicos, congelación de salarios y pensiones, etc.).

Por otra parte, los mismos barómetros del CIS desvelan que la clase política y los partidos políticos están considerados como el tercer gran problema del país, muy por encima del resto de problemas[3]. Su presencia en el podio se debe seguramente a que los ciudadanos les responsabilizan en gran medida de la situación económica que vivimos, no porque fuera evitable la crisis, sino porque no se está saliendo antes de ella. Pero también porque como sector dirigente de la sociedad no están sabiendo responder positivamente al reto político que plantea la crisis económica y, en lugar de ofrecer una imagen de labor constructiva, están siendo vistos como parte del problema económico y como problema en sí mismos. Es posible que los españoles nos estemos preguntando en este momento ¿puede un problema solucionar a otro?

En periodos de estabilidad y normalidad socioeconómica sabemos que el gobierno tiene una gran capacidad de agenda-setting, siendo controlados en su mayoría los tiempos a los que salen cada uno de los temas a la opinión pública según el interés político del propio gobierno.  Hay situaciones, en cambio, como un periodo de guerra contra otro país, como el sufrimiento de una catástrofe natural y el caos que posteriormente genera o como el momento prolongado de crisis económica que actualmente vivimos, en las que, la importancia del contexto es tan fuerte que el propio contexto se impone como objeto principal de los discursos políticos. De este modo, la crisis es a la vez contexto y mensaje político.

La relación de la economía con la política siempre ha sido importante. De hecho, los técnicos de la administración pública identifican a los Presupuestos Generales del Estado con el “programa político” del Gobierno. Según su mentalidad, todo hecho político –por simbólico que sea- conlleva su gasto. También hay ramas de la economía que están consideradas eminentemente políticas. Sin embargo, al contrario de lo que se pudiera imaginar, la crisis no ha supuesto un mayor protagonismo político de los economistas fuera y dentro del Gobierno sino que, en su lugar, los políticos más “políticos” son los que han ganado posiciones. En el Gobierno, el cambio de titular del Ministerio de Economía en septiembre de 2009 supuso ya de por sí la sustitución de una figura de mucha relevancia personal por otra mucho menos mediática, más gris y de criterio menos independiente, cuanto menos en sus manifestaciones públicas. La explicación más probable a este hecho es que, al no ser nada esperanzadores los datos económicos con los que se cuenta por el momento lo que interesa es hablar lo menos posible de economía propiamente dicha y polemizar lo máximo posible con la oposición para que los factores que juegan en su contra parezcan más relativos. El papel pues del economista político pierde importancia a favor del político profesional y generalista. Esta clase de político es capaz de pasar del Ministerio de Defensa al de Medioambiente y de éste al de Industria porque no tiene unos conocimientos especializados en ninguna materia sino que su especialización es en la labor política en general.

Quizás, una conclusión a esto sea que, aunque el contexto especial que vivimos hace que política y economía estén más unidas que nunca, el debate se aleja cada vez más de términos económicos y se convierte en mucho más político. Aunque la crisis sea el eje de la estrategia comunicativa tanto del Gobierno, como de la oposición, como de los sindicatos y otros agentes sociales, lo que desean todos ellos es beneficiarse políticamente de la crisis, para lo cual la economía en sentido estricto importa más bien poco y lo que realmente prevalece es la búsqueda de orientar la opinión pública a su favor.


[1] Lo cual provoca que la cifra de desempleo no deje de aumentar
[2] El último barómetro del CIS, estudio 2885 de abril de 2011, sitúa al paro con un 82,8% de respuestas y a los problemas de índole económica con un 47,3%.
[3] En el mismo barómetro señalado, la clase política y los partidos políticos obtienen un 21,5% de respuestas, siendo el siguiente problema la inmigración con un 12%. Además, hay otro 5,6% que señala como problema conjuntamente al Gobierno, a los políticos y a los partidos.

miércoles, 13 de abril de 2011

Me gusta el 22 de mayo, nuestra campaña para las autonómicas y locales

Esta mañana hemos presentado la campaña "Me gusta el 22 de mayo", una iniciativa del Colegio Oficial de Ciencias Políticas y Sociología de la Región de Murcia para animar a la participación electoral en los próximos comicios autonómicos y locales y revalorizar la imagen de la actividad política. Queremos que la gente tenga en cuenta que acudir a las urnas es importante para la democracia, independientemente de cuál sea el sentido de su voto. Para ello vamos a bombardear en las redes sociales, iremos a institutos de secundaria, organizaremos tertulias, jornadas universitarias de análisis y otros eventos que nos ayuden a hacer una sociedad más participativa. Sabemos que el contexto económico no es bueno y es por ello que no queremos que la crisis afecte también a la calidad de nuestra democracia. Pese a la crisis, las elecciones siguen representando una oportunidad para los ciudadanos.

Manuel Pleguezuelo, Javier Sierra y yo, esta mañana en la RdP

Te pueden interesar: los testimonios, los llamamientos de #participa, las adhesiones, las charlas y tertulias, las jornadas de análisis.

Puedes seguir la campaña en Facebook y en Twitter.

PD: Yo he puesto un banner en mi blog, tú también puedes incluir otro en el tuyo

sábado, 12 de marzo de 2011

Cómo canalizar positivamente la política en la empresa y las organizaciones

Todos sabemos que la política existe porque o bien nos gusta, o nos molesta o nos resulta indiferente pero vemos a otras personas que sí les interesa y mucho. Sabemos que existen políticos que se dedican con mayor o menor dedicación a ejercer una labor en las instituciones y que lo hacen mejor o peor. También sabemos que cada cierto tiempo hay que votar para que sigan gobernando los mismos o para que gobiernen otros, y que esos gobiernos toman decisiones que unas veces nos benefician y otras nos perjudican. Además existen los telediarios, los informativos de radio y los periódicos que nos ofrecen todos los días titulares y noticias; todos nosotros estamos al corriente de las principales noticias de política, aunque sea sólo un poco. 

Ahora bien, de lo que muy pocos se dan cuenta es que, aparte de ser algo que está ahí, de ser un ámbito de la vida como puede ser el arte, la música o el deporte, la política es como un manto de niebla que lo envuelve todo y que afecta a casi todos -o sin el casi- los aspectos de nuestra vida, muy especialmente los que tienen que ver con nuestra relación con los demás. Negar la importancia de la política supone abrir un portón para que esta se convierta en un problema grande de nuestra vida y si la política tiene una cualidad que nadie duda en reconocerle, esa es su capacidad para generar problemas.
Secuencia de la película In the loop
La subida del precio de la gasolina, los recortes de salario, el paro, despidos masivos... Son problemas que tienen gran parte de su origen en la política y son problemas capaces de amargarnos la vida a más de uno cuando nos afectan de cerca. Cuando empeora la confianza en los gobiernos, las bolsas bajan. Si un lunes por la tarde te enteras de que van a despedir a tu hermana de su trabajo debido a una medida aprobada por el gobierno, es imposible que el martes por la mañana puedas ir al trabajo de buen humor

Pues bien, cuando uno trabaja en una empresa o forma parte de una organización tiene que saber canalizar sus opiniones e ideas políticas para que estas en lugar de significar una fuente de conflictos con los demás puedan convertirse en puentes hacia nuestros compañeros. Lo que nos interesa es que el intercambio de opiniones fortalezca los lazos de convivencia y enriquezca la cultura de nuestra empresa u organizaciónAlgunos consejos para conseguir canalizar de manera positiva la política en la empresa y las organizaciones son:

1. No permitir ideologías extremas en nuestra empresa u organización. Bajo ningún concepto se puede aceptar la justificación de la violencia, el racismo, la xenofobia, la homofobia o actitudes semejantes. Estas formas de pensamiento se basan en una lógica amigo-enemigo que, además de no ser nada buena para la convivencia, atenta contra los pilares básicos de la cohesión social y los principios del sistema democrático. Personas que piensen así deben ser desechadas de cualquier puesto de trabajo hasta ser rehabilitadas psicológica y socialmente.

2. Poner en práctica grandes dosis de tolerancia. Siempre nos vamos a encontrar con personas que piensen distinto a nosotros y cuyo estilo de vida sea contrario al nuestro. Sin embargo, hay que aceptar que cada uno es libre de tener su propio pensamiento y que todos podemos hacer con nuestra vida lo que queremos mientras no hagamos daño a los demás. Poner en práctica la tolerancia significa no molestarse con el otro porque sea distinto a mí y no tener en cuenta esas diferencias a la hora de trabajar juntos.

3. Más allá de la tolerancia está el respeto. Cuando una persona ha aprendido a ser tolerante se quita de encima muchos prejuicios que antes no le dejaban ver cosas positivas de sus compañeros. A partir de ese momento es cuando se pueden construir relaciones de respeto. Respetar y sentirse respetado es reconfortante y nos hace sentir valorados. Es más respetable, en mi opinión, una persona de fuertes convicciones aunque sean contrarias a las mías que una sin ningún tipo de convicciones ni valores.

4. Habilitar momentos y espacios para hablar de política. Los momentos adecuados para hablar de política pueden ser al llegar, al irse, durante el café, al compartir un viaje... Y siempre en un espacio en el que puedas estar relajado ante la persona con la que hablas y puedas mantener un contacto visual directo con ella, no cada uno pegando voces desde su mesa.

5. No hablar nunca como si se tuviera la razón absoluta, pues nadie la tiene y mucho menos cuando el tema tiene que ver con política. Si damos las cosas por sentado y no dejamos opción a otros a que cambien mínimamente nuestra forma de ver las cosas, es más que probable que los demás pierdan pronto el interés por hablar con nosotros. Además, podemos estar seguros de que la opinión con la que se quedarán sobre nosotros no será buena.

6. Tener en cuenta que la política distrae muy fácilmente del trabajo y, aunque a veces necesitemos expresarnos, no podemos convertir nuestro lugar de trabajo en el plató de una tertulia.

7. Crear ocasiones fuera del horario laboral para discutir más largo y tendido de cuestiones políticas y sociales, además de otros temas de tipo personal y familiar, como cenas, cocktails, minitorneos deportivos, salir de cañas... No hace falta ser uña y carne con los compañeros del trabajo, ni con los jefes, pero de vez en cuando un rato juntos "por gusto" no hace mal a nadie.

8. Aprovechar las redes sociales como Facebook o Twitter para intercambiar opiniones, eso sí, fuera del horario laboral. Si canalizamos la política de manera intencionada en el trabajo es para ser más productivos, no para perder el tiempo y trabajar menos.

9. Buscar puntos de encuentro entre opiniones. Siempre los hay si sabemos escuchar a los otros por muy alejadas que estén nuestras posiciones de partida. A veces, sin embargo, se hará necesaria la intervención de un tercero que juegue el papel de diplomático o conciliador para poner fin a las discusiones.

10. Aplicar sentido del humor, es un gran indicador de inteligencia. Comportarse como hooligan de un partido no ayuda a nadie a la larga a ser respetado ni a caer bien, ni siquiera entre sus propios correligionarios. La gente con buen humor que sabe que las personas están por encima de cualquier cuestión política son las que más lejos llegan en la vida.

Si conseguimos poner en práctica estas técnicas es posible hablar abiertamente de cualquier tema, sin necesidad de ocultar nuestras opiniones y sin dejarlas bullir de manera latente pudiendo estallar en cualquier momento de forma poco cordial, después de haber visto cómo se organizaban corrillos y de haber oído muchos murmullos. Siguiendo los anteriores consejos, nos encontraremos más a gusto en nuestro lugar de trabajo y más libres de ser nosotros mismos, concediéndoles a los demás la misma oportunidad de sentirse igual de bien.