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domingo, 26 de febrero de 2012

Cinco ejes del éxito de una organización

Escena de la película Bee Movie
La experiencia me ha demostrado que cualquier organización -ya sea asociación, plataforma social, movimiento político o colectivo profesional- va a requerir una serie de factores claves, imprescindibles, de los que dependerá el éxito e incluso la supervivencia de la organización. De no darse estos factores, con toda probabilidad la organización caerá en el estancamiento, la acumulación de problemas, la inactividad, el olvido y, en ocasiones, hasta la crisis que desemboca en la propia desaparición. Es por eso que, para alcanzar el éxito, toda organización que se precie deberá buscar un alto rendimiento en cinco ejes fundamentales:

1. Buena imagen. Una organización no podrá cumplir sus objetivos si no goza de una buena reputación que le permita participar en la vida social y establecerse como interlocutor ante otras organizaciones y ante  las instituciones públicas. La comunicación de la organización, debe tener como fin generar el máximo prestigio y el mínimo rechazo. Un funcionamiento transparente y ejemplar servirá de ayuda para que la organización se sitúe como referente en su ámbito.

2. Liderazgo. Está comprobado que ninguna organización pervive sin el liderazgo fuerte de una persona o un grupo reducido de ellas que ejerzan la función de 'tirar del carro'. El líder es necesario para aportar una visión general de la organización y detectar las oportunidades de éxito que no siempre se muestran de forma clara. Además, la existencia de líderes supone un atractivo añadido a cualquier organización y una fuente de motivación para los miembros.

3. Implicación directiva. Para que el líder o los líderes no acaben acusando el desgaste de cargar con todo el peso de la organización sobre sus hombros, siempre será necesaria una importante implicación del grupo de personas que conforman la dirección de la organización. Un buen reparto de funciones entre el equipo directivo será esencial para que cada uno acabe haciendo lo que mejor se le da hacer, evitando entrar en discusiones infructuosas sobre cómo hacer ciertas cosas. Si tienes un experto en tu equipo, delega en él. La dirección de la organización siempre tiene que estar abierta a la entrada de aquellas personas que más pueden aportar y a la salida de aquellas que menos participan.

4. Representatividad. Toda organización que persiga el éxito necesita ser representativa de las personas a las que dice representar y no únicamente una marca gestionada por tres o cuatro personas con intereses particulares. Para ello, será imprescindible un funcionamiento democrático y participativo dentro de la organización. Sólo así se puede lograr a largo plazo un alto nivel de identificación de las personas con la organización a pesar de que los líderes puedan cambiar. Es más, mayor será el éxito de la organización si se genera un sentimiento de estar todos en el mismo barco y de remar en la misma dirección.  

5. Rentabilidad. Finalmente, cualquier organización debe proporcionar unos beneficios a sus miembros. Estos no tienen que ser necesariamente de tipo económico, también pueden tener que ver con el reconocimiento o prestigio social o con la mera satisfacción participar en algo que consideramos importante. Cuando se producen esfuerzos continuados que acaban en fracaso aumentan las probabilidades de desapego a la organización y la permanencia en ella dependerá de un hilo. Para muchos, la rentabilidad de pertenecer a la organización será el simple hecho de ver que los proyectos en los que se ha invertido el tiempo salen adelante en beneficio del colectivo.

¿Cómo ves a tu organización? ¿Está fuerte en los cinco ejes? Posiblemente habrás identificado puntos en los que mejorar. Trabaja en ellos, es posible.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Dos sencillos consejos antes del debate

Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba. Rubalcaba y Rajoy. Ambos se enfrentarán en breves horas a un debate televisivo cara a cara en el que, más allá de algunos votos, lo que se juegan es cumplir con las expectativas que cada uno genera con su marca política personal. Por eso, el que quiera salir victorioso del debate y beneficiarse de un poco más de popularidad el 20 N deberá centrar sus esfuerzos en:

1. Intentar ganar por mérito propio y no mediante la destrucción del rival. Los tiempos han cambiado y la mayoría de los votantes ya no se identifica pasionalmente con un partido u otro. La sociedad se ha dejado de dividir en bandos. La perspectiva del ciudadano es cada vez más independiente y apartidista, por lo que ya no busca a toda costa el éxito de su partido favorito o de su candidato sino su propio beneficio individual. El escepticismo no se dirige sólo hacia los gobernantes en la actualidad, es una actitud que se dirige a la clase política en general. La respuesta del "y tú más" pertenece a un modelo de discusión política agotado. Los candidatos lo harán mejor si se concentran en exponer sus propuestas en lugar de desmontar las del contrario, sino los efectos de la estrategia destructiva prevalecerán sobre lo demás y los dos saldrán perdiendo.

2. Intentar ganar el debate fuera del plató, no dentro. El fin del debate no es que ninguno de los dos gane un duelo personal contra su mayor enemigo. Plantear el debate así sería un gravísimo error pues la discusión no girará en torno a una cuestión entre dos personas, sino en torno al futuro de un país. Cualquiera de los dos que caiga en las provocaciones del contrario y convierta la confrontación en cuestión de orgullo personal podrá ganar su batalla particular pero perderá el contacto con la gente que está en sus casas. Es a estos a quienes tienen que convencer, no al oponente que tienen enfrente. Demostrar ser superior o tener mejor capacidad oratoria no es suficiente para vencer un debate electoral, lo que realmente importa es conectar con los que te están viendo. 

¿Estás de acuerdo?

domingo, 30 de octubre de 2011

Comunicar para Liderar. Las 7 claves

Morgan Freeman interpretando a Nelson Mandela en Invictus. Foto: Cinefilo.es
Resulta obvio decir que el liderazgo está estrechamente relacionado con la comunicación pero así es. Es más, resulta difícil imaginar un líder que no sea un buen comunicador. Constantemente comunicamos, no sólo con palabras sino también con gestos, con miradas, con mensajes escritos, por supuesto, y hasta con la inclinación del cuerpo. El buen líder se ayuda de sus dotes comunicativas para motivar, para implicar y para inspirar a los que le rodean. Definitivamente, no puede existir un líder que no sepa comunicar. El liderazgo es un fenómeno basado en las relaciones interpersonales.

Para mí hay 7 claves esenciales en las que se fundamenta una comunicación con la que liderar personas. Todas ellas importantes, imprescindibles, para un liderazgo completo, eficaz y duradero. Las enumeraré.
  1. Sinceridad. Consiste, ni más ni menos, que en decirle al otro lo que realmente necesita oír, que con frecuencia es distinto a lo que quiere escuchar salir de tus labios. Una comunicación basada en el engaño puede facilitar conseguir metas de manera rápida pero tarde o temprano todo se vendrá abajo y se habrá perdido cualquier credibilidad.
  2. Seguridad. Sólo se tiene seguridad cuando uno verdaderamente se cree lo que va a decir. Si no es así, nuestros propios gestos nos delatarán. Por otra parte, es necesario un entrenamiento. La práctica es fundamental para conseguir buenas habilidades comunicativas.
  3. Estar a la altura. Estar a la altura de las circunstancias supone tanto no decepcionar como no excederse. Conlleva el esfuerzo de adivinar lo que se espera de nosotros en cada momento y adaptarnos a distintas situaciones, con gente diferente y en circunstancias cambiantes.
  4. Transmitir. Hoy día, poner pasión a lo que uno hace es un requisito ineludible para conseguir el éxito. Esfuerzo, entrega, ilusión... son sentimientos que se contagian con facilidad y que la gente premia.
  5. Generar confianza. Tan sencillo y tan difícil como acompañar lo que se dice de lo que se hace. Además, hay que mirar siempre a los ojos de tu interlocutor. La coherencia personal es una garantía de que se tiene capacidad para cumplir con lo que se promete. De no ser así, hay poco que hacer.
  6. Sentido del humor. La seriedad y la coherencia no están reñidas con el sentido del humor. Las cosas no siempre van a salir según lo previsto porque el universo es imposible de controlar y no todo depende de nosotros. Hay que demostrar inteligencia emocional ante los imprevistos y las adversidades.
  7. Convencer y dejarse convencer. Nadie puede permitirse partir de la idea de que es poseedor de la verdad absoluta. La vida es una negociación constante en la que debemos dejar siempre un margen de flexibilidad, aunque sea mínimo, para poder alcanzar puntos de encuentro. Quién no está dispuesto a dejarse convencer al menos un poco jamás será capaz de convencer a nadie.

sábado, 10 de septiembre de 2011

En 10 días a la venta

Ya comenté algo sobre este libro en un post de febrero. Pues bien, Álvaro González-Alorda ha terminado su libro sobre conversaciones motivadoras cara a cara y está listo para ser descubierto por miles de lectores. Saldrá a la venta en sólo diez días, así que el 20 de septiembre los ejemplares estarán luciéndose en las mejores librerías. 

Si González-Alorda ya nos sorprendió con la forma de plantear el libro durante su redacción -en conversación permanente con los lectores mediante las redes sociales- ahora nos sorprende también con el formato en el que se publica The Talking Manager, pues viene escrito tanto en español como en inglés. Creo que no soy el único que tiene ganas de tenerlo ya entre las manos...

miércoles, 1 de junio de 2011

Cómo comportarse tras una derrota electoral

Berlusconi, "demasiado ocupado para organizar su funeral". Foto: europeanpeopleparty
A nadie le gusta perder. Menos aún gusta perder en una pugna directa y frontal entre bandos como son las convocatorias electorales. Sin embargo, las elecciones siempre dejan vencedores y vencidos, unos se quedan en el gobierno y otros en la oposición, unos grupos cogen fuerza y otros retrasan sus posiciones. En pocos días, hemos visto en sendas elecciones locales la caída contundente del PSOE en España y del PdL en Italia. Duro trago, sin duda, para los dirigentes de ambos partidos pero también para todos aquellos que han liderado candidaturas de su formación que han fracasado. Bien, ¿cómo deben unos (líderes nacionales) y otros (candidatos locales/autonómicos) comportarse en situaciones así?

Qué no hacer (errores más frecuentes):
  1. Esconderse avergonzado durante varios días, sin aparecer en público ni hacer declaraciones.
  2. Mostrarse molesto y evidenciar que la derrota te ha desestabilizado personalmente.
  3. Restar importancia a los resultados, despreciando, por tanto, la voluntad expresada por la ciudadanía.
  4. Culpar a los votantes por no haber votado por ti, como si tú lo hubieras hecho todo bien y ellos mal.
  5. Escudarse en factores externos que podrían haber influido en la derrota para eludir la propia responsabilidad. 
  6. Personalizar la derrota en una única cara visible del partido.
  7. Buscar cualquier explicación peregrina para intentar vender la derrota como una victoria relativa.
  8. Seguir con el mismo tono de la campaña electoral, como si todavía fuera posible cambiar el resultado de las elecciones y ganarlas.
  9. Aferrarse a un cargo que puede haber perdido gran parte de su legitimidad.
  10. Buscar una solución rápida a la situación creada por la derrota, que puede desembocar en una crisis más profunda.
Qué hacer (no se ve tan frecuentemente):
  1. Dar la cara pronto y no dar lugar a especulaciones. 
  2. Asumir la derrota, adoptar el papel de oposición y ofrecer colaboración institucional al vencedor de las elecciones.
  3. Guardar una actitud positiva y mostrarse agradecido por los apoyos recibidos.
  4. Seguir escuchando a los ciudadanos que han apoyado tus siglas con el mismo interés que durante la campaña.
  5. Abordar de manera abierta la reflexión sobre la derrota electoral y dejarse aconsejar por personas de opinión cualificada: ex dirigentes, líderes de opinión, profesionales externos, etc.
  6. Asumir la derrota de manera colectiva, teniendo en cuenta que seguramente se haya debido tanto a un fracaso tanto de proyecto como de personas.
  7. Cerrar etapa. Dejar atrás la dinámica de la campaña electoral, olvidar disputas y provocaciones y centrarse en las tareas de representación democrática.
  8. Poner a disposición del partido los cargos que puedan haber visto afectada su legitimidad por los malos resultados.
  9. Dar participación al mayor número de personas en la búsqueda de soluciones y para el comienzo de la remontada.
  10. Iniciar un proceso de renovación que sea visto como positivo por los ciudadanos y les ayude a recuperar la confianza en la organización.

lunes, 9 de mayo de 2011

Tener un blog y no contar con la obligación de postear

Tener un blog supone una responsabilidad. Quien tiene uno sabe que requiere más cuidados que un gremlin. Primero, cuando te decides a crear un blog -aunque en ese momento no sepas ni para qué lo quieres- has de saber elegir dónde lo alojas. En mi opinión, en estos momentos Blogger le gana la partida como servicio gratuito a Wordpress con mucha diferencia: Blogger no te introduce publicidad no deseada en el blog y te deja editarlo/personalizarlo completamente al gusto, cosa que Wordpress no permite. Pero para el que no está familiarizado con el mundo de la web 2.0 llevar un blog no sólo supone tener que aprender la técnica de algo nuevo sino también introducirse en un nuevo espacio virtual muy activo, cambiante e incontrolado (es decir, libre). 
Imagen: worldbank.org
Sin embargo, si a las dos semanas de crear tu blog no lo has abandonado, habrás descubierto que para que el "cuaderno on-line" sea algo relativamente interesante y, por lo menos, reciba tráfico (aunque sea de los buscadores automáticos que van por ahí rastreando sitios) lo que se necesita son buenas dosis de disciplina para su mantenimiento. Mantener el blog no es otra cosa que actualizarlo con cierta frecuencia con contenidos nuevos (voces expertas recomiendan hacerlo al menos una vez a la semana, igual que otras cosas) y retocar un poco el aspecto del mismo de vez en cuando para que no pierda el atractivo con el paso del tiempo. Parece que la mayoría de los que crean un blog y tiran para adelante con él tienen esto bastante claro, hay que actualizar: postear o morir. La filosofía es la correcta, sobre todo para quienes llevan un blog profesionalmente. No obstante, la obligación de actualizar desemboca muchas veces en:

Posts vacíos, sin mensaje ni intención
Duplicidad de contenidos de otros sitios/webs
Repetirse uno mismo
Falta de originalidad
Pérdida de nivel de expresión

Son cosas que, desde luego, habría que evitar si se quiere mantener un blog de calidad, al margen de las visitas que reciba. No todo el mundo puede convertirse en una autoridad de las redes sociales, ni probablemente lo desee. Ya se trate de un blog profesional o personal, ni recomiendo usar el blog para opinar de todo lo que pasa ni tampoco para convertir la propia vida en un Gran Hermano. 

Todo esto me ha venido a la mente al pensar sobre la campaña electoral y en la política 2.0, que alcanza sus niveles más altos de actividad en nuestro país estos días, y que me ha llevado a recordar lo maravilloso que es vivir sin la obligación de postear y, en cambio, hacerlo únicamente por placer. Si también es tu caso, disfruta mientras puedas.

lunes, 2 de mayo de 2011

Comunicar la crisis: política y economía más unidas que nunca

Comunicar en tiempos difíciles se puede parecer más al arte de la negociación que al de comunicar en sí mismo. Cuando no se tienen grandes ilusiones que vender o cuando, a pesar de tenerlas, al público no le importa en absoluto aquellas cosas buenas que un gobierno pueda estar haciendo o las que anuncia que desea hacer y, además, comienza a hacer saña de cada uno de los errores que comete, entonces ese gobierno tiene un gran problema. El público, la ciudadanía, tiene unas demandas sobre las que se centra por absoluto su atención y no desea saber de ningún otro tema que no sea sus urgentes peticiones. En tal situación, la prioridad del político en el gobierno –si quiere permanecer en el cargo y no poner fin a su carrera política de por vida- debe ser la de resistir frente al temporal y evitar que el sentido de la opinión pública vaya a peor hasta que llegue un momento en que esa opinión pueda mejorar.
Imagen: Picalls.com
La actual coyuntura, una crisis económica global que en países como el nuestro ha calado más profundamente y cuya única solución hasta el momento pasa por reducir gasto público y consumo[1] (energético, especialmente) está llevando al ciudadano medio español a situaciones que plantean en muchos casos serias dificultades de subsistencia e incluso riesgo de exclusión social y, con carácter global, a una pérdida evidente de nivel y calidad de vida de la mayoría de los españoles. Ante tal contexto, no es de extrañar que los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) desde hace un tiempo vengan situando al paro y a la economía en primer y segundo lugar entre las preocupaciones de la opinión pública española[2]. Cada problema tiene su significación específica: el paro tiene una fuerte connotación individual (preocupación por las consecuencias personales de estar en el paro o de caer en él) y la preocupación por la economía además incluye una significación un tanto más global por aspectos macroeconómicos que afectan al país y a los ciudadanos al nivel de sociedad (recortes sociales, reducción de la inversión pública, subida de los intereses bancarios, declive de ciertos sectores económicos, congelación de salarios y pensiones, etc.).

Por otra parte, los mismos barómetros del CIS desvelan que la clase política y los partidos políticos están considerados como el tercer gran problema del país, muy por encima del resto de problemas[3]. Su presencia en el podio se debe seguramente a que los ciudadanos les responsabilizan en gran medida de la situación económica que vivimos, no porque fuera evitable la crisis, sino porque no se está saliendo antes de ella. Pero también porque como sector dirigente de la sociedad no están sabiendo responder positivamente al reto político que plantea la crisis económica y, en lugar de ofrecer una imagen de labor constructiva, están siendo vistos como parte del problema económico y como problema en sí mismos. Es posible que los españoles nos estemos preguntando en este momento ¿puede un problema solucionar a otro?

En periodos de estabilidad y normalidad socioeconómica sabemos que el gobierno tiene una gran capacidad de agenda-setting, siendo controlados en su mayoría los tiempos a los que salen cada uno de los temas a la opinión pública según el interés político del propio gobierno.  Hay situaciones, en cambio, como un periodo de guerra contra otro país, como el sufrimiento de una catástrofe natural y el caos que posteriormente genera o como el momento prolongado de crisis económica que actualmente vivimos, en las que, la importancia del contexto es tan fuerte que el propio contexto se impone como objeto principal de los discursos políticos. De este modo, la crisis es a la vez contexto y mensaje político.

La relación de la economía con la política siempre ha sido importante. De hecho, los técnicos de la administración pública identifican a los Presupuestos Generales del Estado con el “programa político” del Gobierno. Según su mentalidad, todo hecho político –por simbólico que sea- conlleva su gasto. También hay ramas de la economía que están consideradas eminentemente políticas. Sin embargo, al contrario de lo que se pudiera imaginar, la crisis no ha supuesto un mayor protagonismo político de los economistas fuera y dentro del Gobierno sino que, en su lugar, los políticos más “políticos” son los que han ganado posiciones. En el Gobierno, el cambio de titular del Ministerio de Economía en septiembre de 2009 supuso ya de por sí la sustitución de una figura de mucha relevancia personal por otra mucho menos mediática, más gris y de criterio menos independiente, cuanto menos en sus manifestaciones públicas. La explicación más probable a este hecho es que, al no ser nada esperanzadores los datos económicos con los que se cuenta por el momento lo que interesa es hablar lo menos posible de economía propiamente dicha y polemizar lo máximo posible con la oposición para que los factores que juegan en su contra parezcan más relativos. El papel pues del economista político pierde importancia a favor del político profesional y generalista. Esta clase de político es capaz de pasar del Ministerio de Defensa al de Medioambiente y de éste al de Industria porque no tiene unos conocimientos especializados en ninguna materia sino que su especialización es en la labor política en general.

Quizás, una conclusión a esto sea que, aunque el contexto especial que vivimos hace que política y economía estén más unidas que nunca, el debate se aleja cada vez más de términos económicos y se convierte en mucho más político. Aunque la crisis sea el eje de la estrategia comunicativa tanto del Gobierno, como de la oposición, como de los sindicatos y otros agentes sociales, lo que desean todos ellos es beneficiarse políticamente de la crisis, para lo cual la economía en sentido estricto importa más bien poco y lo que realmente prevalece es la búsqueda de orientar la opinión pública a su favor.


[1] Lo cual provoca que la cifra de desempleo no deje de aumentar
[2] El último barómetro del CIS, estudio 2885 de abril de 2011, sitúa al paro con un 82,8% de respuestas y a los problemas de índole económica con un 47,3%.
[3] En el mismo barómetro señalado, la clase política y los partidos políticos obtienen un 21,5% de respuestas, siendo el siguiente problema la inmigración con un 12%. Además, hay otro 5,6% que señala como problema conjuntamente al Gobierno, a los políticos y a los partidos.

miércoles, 13 de abril de 2011

Me gusta el 22 de mayo, nuestra campaña para las autonómicas y locales

Esta mañana hemos presentado la campaña "Me gusta el 22 de mayo", una iniciativa del Colegio Oficial de Ciencias Políticas y Sociología de la Región de Murcia para animar a la participación electoral en los próximos comicios autonómicos y locales y revalorizar la imagen de la actividad política. Queremos que la gente tenga en cuenta que acudir a las urnas es importante para la democracia, independientemente de cuál sea el sentido de su voto. Para ello vamos a bombardear en las redes sociales, iremos a institutos de secundaria, organizaremos tertulias, jornadas universitarias de análisis y otros eventos que nos ayuden a hacer una sociedad más participativa. Sabemos que el contexto económico no es bueno y es por ello que no queremos que la crisis afecte también a la calidad de nuestra democracia. Pese a la crisis, las elecciones siguen representando una oportunidad para los ciudadanos.

Manuel Pleguezuelo, Javier Sierra y yo, esta mañana en la RdP

Te pueden interesar: los testimonios, los llamamientos de #participa, las adhesiones, las charlas y tertulias, las jornadas de análisis.

Puedes seguir la campaña en Facebook y en Twitter.

PD: Yo he puesto un banner en mi blog, tú también puedes incluir otro en el tuyo

sábado, 12 de marzo de 2011

Cómo canalizar positivamente la política en la empresa y las organizaciones

Todos sabemos que la política existe porque o bien nos gusta, o nos molesta o nos resulta indiferente pero vemos a otras personas que sí les interesa y mucho. Sabemos que existen políticos que se dedican con mayor o menor dedicación a ejercer una labor en las instituciones y que lo hacen mejor o peor. También sabemos que cada cierto tiempo hay que votar para que sigan gobernando los mismos o para que gobiernen otros, y que esos gobiernos toman decisiones que unas veces nos benefician y otras nos perjudican. Además existen los telediarios, los informativos de radio y los periódicos que nos ofrecen todos los días titulares y noticias; todos nosotros estamos al corriente de las principales noticias de política, aunque sea sólo un poco. 

Ahora bien, de lo que muy pocos se dan cuenta es que, aparte de ser algo que está ahí, de ser un ámbito de la vida como puede ser el arte, la música o el deporte, la política es como un manto de niebla que lo envuelve todo y que afecta a casi todos -o sin el casi- los aspectos de nuestra vida, muy especialmente los que tienen que ver con nuestra relación con los demás. Negar la importancia de la política supone abrir un portón para que esta se convierta en un problema grande de nuestra vida y si la política tiene una cualidad que nadie duda en reconocerle, esa es su capacidad para generar problemas.
Secuencia de la película In the loop
La subida del precio de la gasolina, los recortes de salario, el paro, despidos masivos... Son problemas que tienen gran parte de su origen en la política y son problemas capaces de amargarnos la vida a más de uno cuando nos afectan de cerca. Cuando empeora la confianza en los gobiernos, las bolsas bajan. Si un lunes por la tarde te enteras de que van a despedir a tu hermana de su trabajo debido a una medida aprobada por el gobierno, es imposible que el martes por la mañana puedas ir al trabajo de buen humor. 

Pues bien, cuando uno trabaja en una empresa o forma parte de una organización tiene que saber canalizar sus opiniones e ideas políticas para que estas en lugar de significar una fuente de conflictos con los demás puedan convertirse en puentes hacia nuestros compañeros. Lo que nos interesa es que el intercambio de opiniones fortalezca los lazos de convivencia y enriquezca la cultura de nuestra empresa u organización. Algunos consejos para conseguir canalizar de manera positiva la política en la empresa y las organizaciones son:

1. No permitir ideologías extremas en nuestra empresa u organización. Bajo ningún concepto se puede aceptar la justificación de la violencia, el racismo, la xenofobia, la homofobia o actitudes semejantes. Estas formas de pensamiento se basan en una lógica amigo-enemigo que, además de no ser nada buena para la convivencia, atenta contra los pilares básicos de la cohesión social y los principios del sistema democrático. Personas que piensen así deben ser desechadas de cualquier puesto de trabajo hasta ser rehabilitadas psicológica y socialmente.

2. Poner en práctica grandes dosis de tolerancia. Siempre nos vamos a encontrar con personas que piensen distinto a nosotros y cuyo estilo de vida sea contrario al nuestro. Sin embargo, hay que aceptar que cada uno es libre de tener su propio pensamiento y que todos podemos hacer con nuestra vida lo que queremos mientras no hagamos daño a los demás. Poner en práctica la tolerancia significa no molestarse con el otro porque sea distinto a mí y no tener en cuenta esas diferencias a la hora de trabajar juntos.

3. Más allá de la tolerancia está el respeto. Cuando una persona ha aprendido a ser tolerante se quita de encima muchos prejuicios que antes no le dejaban ver cosas positivas de sus compañeros. A partir de ese momento es cuando se pueden construir relaciones de respeto. Respetar y sentirse respetado es reconfortante y nos hace sentir valorados. Es más respetable, en mi opinión, una persona de fuertes convicciones aunque sean contrarias a las mías que una sin ningún tipo de convicciones ni valores.

4. Habilitar momentos y espacios para hablar de política. Los momentos adecuados para hablar de política pueden ser al llegar, al irse, durante el café, al compartir un viaje... Y siempre en un espacio en el que puedas estar relajado ante la persona con la que hablas y puedas mantener un contacto visual directo con ella, no cada uno pegando voces desde su mesa.

5. No hablar nunca como si se tuviera la razón absoluta, pues nadie la tiene y mucho menos cuando el tema tiene que ver con política. Si damos las cosas por sentado y no dejamos opción a otros a que cambien mínimamente nuestra forma de ver las cosas, es más que probable que los demás pierdan pronto el interés por hablar con nosotros. Además, podemos estar seguros de que la opinión con la que se quedarán sobre nosotros no será buena.

6. Tener en cuenta que la política distrae muy fácilmente del trabajo y, aunque a veces necesitemos expresarnos, no podemos convertir nuestro lugar de trabajo en el plató de una tertulia.

7. Crear ocasiones fuera del horario laboral para discutir más largo y tendido de cuestiones políticas y sociales, además de otros temas de tipo personal y familiar, como cenas, cocktails, minitorneos deportivos, salir de cañas... No hace falta ser uña y carne con los compañeros del trabajo, ni con los jefes, pero de vez en cuando un rato juntos "por gusto" no hace mal a nadie.

8. Aprovechar las redes sociales como Facebook o Twitter para intercambiar opiniones, eso sí, fuera del horario laboral. Si canalizamos la política de manera intencionada en el trabajo es para ser más productivos, no para perder el tiempo y trabajar menos.

9. Buscar puntos de encuentro entre opiniones. Siempre los hay si sabemos escuchar a los otros por muy alejadas que estén nuestras posiciones de partida. A veces, sin embargo, se hará necesaria la intervención de un tercero que juegue el papel de diplomático o conciliador para poner fin a las discusiones.

10. Aplicar sentido del humor, es un gran indicador de inteligencia. Comportarse como hooligan de un partido no ayuda a nadie a la larga a ser respetado ni a caer bien, ni siquiera entre sus propios correligionarios. La gente con buen humor que sabe que las personas están por encima de cualquier cuestión política son las que más lejos llegan en la vida.

Si conseguimos poner en práctica estas técnicas es posible hablar abiertamente de cualquier tema, sin necesidad de ocultar nuestras opiniones y sin dejarlas bullir de manera latente pudiendo estallar en cualquier momento de forma poco cordial, después de haber visto cómo se organizaban corrillos y de haber oído muchos murmullos. Siguiendo los anteriores consejos, nos encontraremos más a gusto en nuestro lugar de trabajo y más libres de ser nosotros mismos, concediéndoles a los demás la misma oportunidad de sentirse igual de bien.

domingo, 20 de febrero de 2011

Los gustos, más importantes que las características demográficas

Me gustaría compartir este vídeo (se pueden activar los subtítulos) de Johanna Blakley, especialista en medios de comunicación y entretenimiento, acerca de las redes sociales y el género. No hay que estar de acuerdo en todo lo que dice para que la visualización del vídeo merezca la pena. En primer lugar, ahí se muestran unos datos sobre el uso de las redes sociales por género y edad que conviene tener en cuenta a la hora de lanzar ciertos mensajes al público en general. En segundo lugar, no está de más reflexionar si -como dice la conferenciante- las campañas tradicionales de marketing están fallando a la hora de definir sus targets segregando a la población por los indicadores habituales de género, edad, raza, religión... Las redes sociales están demostrando que los gustos no están exclusivamente ligados a categorías sociales preconcebidas. Por eso, adivinar los gustos de los grupos de población a los que te diriges seguro que es mucho más efectivo que conocer su composición demográfica. Otro tema será comprobar si como, de un modo bastante atrevido, anticipa Blakley la sociedad se vaya a neutralizar en cuestión de género. Igual que en 1989 no hubo un fin de las ideologías sino el fin de un sistema político determinado, difícilmente se producirá un fin del género, aunque está claro que se están celebrando cambios, eso nadie lo duda. Ojalá los cambios sean en la dirección correcta.

viernes, 18 de febrero de 2011

Nuevas formas de escribir libros

Hoy hemos sabido que Obama recibe a diario más de 20.000 cartas por correo electrónico y vía postal, de las que cada noche -dice- lee una decena, con el fin de mantener cierto apego a la realidad del ciudadano medio americano. Y también se ha dado a conocer que un periodista del Washington Post escribirá un libro sobre estas cartas y (se supone) las reacciones que causan en el presidente norteamericano. Desde luego, el género epistolar no es nuevo en literatura pero el volumen de misivas que va a originar el libro, la combinación de fuentes (vía postal y correo electrónico), el trabajo de filtrado que realiza el personal al servicio de la Casa Blanca y el papel del periodista en todo esto sí que son hechos sintomáticos de la sociedad en la que vivimos y la complejidad que adquieren los sistemas de comunicación de determinadas instituciones. Una complejidad a su vez dada por el desarrollo de las telecomunicaciones que ha facilitado el contacto directo de la ciudadanía con esas mismas instituciones.

Otro modo de hacer un libro es el que se ha planteado el conferenciante Álvaro González-Alorda, quien se ha decidido por recurrir a la web 2.0 como plataforma para recoger ideas que le ayuden a redactar su próximo libro, The talking manager. González-Alorda utiliza un blog a la vez que una página en Facebook para lanzar preguntas a las que dará respuesta en su libro y que son preguntas a las que en un primer momento cualquiera puede responder. Una fantástica idea para promocionar el libro antes incluso de que esté escrito al mismo tiempo que generas la implicación de personas en su creación y estas te aportan ideas que, muchas no, pero muchas sí, serán de inspiración, de utilidad.

Finalmente, otro método de hacer un libro para aquellos que son amantes de su cuenta de Twitter o de su blog son programas que te permiten hacer de estos tu propio libro. La idea puede no ser mala cuando uno ha convertido su página en un diario con fotos y pensamientos de momentos especiales. En el caso de Twournal, te permite hacer de tu cuenta de Twitter un libro que te puedes descargar gratuitamente en formato e-book. En cambio blog2Print es un servicio de pago que sirve para hacer lo mismo con tu blog de Blogger, aunque te permite visualizar gratuitamente cómo quedaría editado el libro, ¿te pica la curiosidad?

lunes, 14 de febrero de 2011

Comunicar después del silencio

El propósito de quienes trabajan de manera más o menos plena en el mundo de la comunicación es alcanzar un nivel de conocimiento elevado sobre la comunicación, sus técnicas, sus secretos y - aquello que últimamente está en boca de todos- las estrategias, las mejores estrategias de comunicación. Buscamos convertirnos en profesionales capaces de comprender y aplicar las herramientas más sofisticadas de comunicación, con el propósito de informar, persuadir a otras personas e incluso provocarlas, lanzarlas a la acción. La comunicación es la ciencia que avanza con las otras ciencias, la que lo envuelve todo. Cualquier cosa que se descubra, en el ámbito de la tecnología, de la medicina o el que sea acaba teniendo un nombre, a veces una palabra que todavía no existía, por lo que el descubrimiento científico acaba siendo también una innovación en comunicación, una construcción lingüística que en poco tiempo acaba circulando por todo el planeta. Pero ante todo, y esto es lo más importante, la comunicación es una necesidad, una profunda necesidad del ser humano, ese animal social que somos.

Todo esto viene porque creo que es importante no olvidarse de eso que parece tan obvio como que la comunicación es una necesidad humana. Pero cuando una cantidad de personas comienza a pensar en profundidad sobre cómo ser mejores que el resto de los mortales en algo tan complejo y hermoso como la comunicación es más fácil de lo que parece olvidarse del detalle, de lo más básico, lo que lo explica todo. Y a la personas nos pasa con frecuencia que los árboles no nos dejan ver el bosque. Hace un par desemanas vi la película favorita a los premios Oscar, El discurso del rey, y me surgió entonces una reflexión que pienso merece la pena compartir, aunque sea sin referencias o datos de tipo oficial ni académico. Quizás debí advertir al principio con un letrero que iba a ser algo más bien de tipo filosófico. Esta película va a dar mucho que hablar durante tiempo a los expertos en comunicación, por muchos aspectos. Para mí en este momento el más importante es el concepto del silencio que se puede ver en el largometraje. Hay un pueblo de Inglaterra que espera escuchar la voz de su máxima autoridad política y religiosa y temeroso de responder ante ese pueblo hay un rey, Jorge VI, que lleva desde su niñez sufriendo una tartamudez que le impide ser un buen orador, a pesar de que a su mente no le falta ni pizca de lucidez. El silencio, en términos políticos, mantiene inquieto a un pueblo y a su vez está destrozando internamente a una persona sobre la que recae una gran responsabilidad en momentos muy difíciles, a punto de estallar la Segunda Guerra Mundial. Esta es la historia de un personaje histórico pero tan sólo una de muchas situaciones semejantes, a igual o distinta escala. Puede hablarse mucho sobre el silencio, pero creo que este momento es suficiente con concluir que su existencia en política es, sin lugar a dudas, determinante de los acontecimientos políticos que se van a suceder. Un silencio interrumpido indebidamente o un silencio demasiado largo puede suponer condena y fin de una etapa política.


Este post que se titula "comunicar después del silencio" debe concluir con una reflexión sobre lo anunciado. Y es la siguiente: según haya sido el silencio deberá ser la comunicación posterior. Parece una regla sencilla pero no es tan fácil de aplicar. Romper el silencio puede y debe ser una liberación tanto para el que comunica como para el que recibe la comunicación pero muchas veces el mensaje no es fácil de dar, porque el silencio siempre tiene un motivo.

Imágenes:
Jorge VI en El discurso del rey.
Ada tocando en El Piano (canción bso).