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martes, 14 de agosto de 2012

Época de trueque

Beduino nómada. Imagen: Wikipedia
Hace unos días, revisando unos apuntes sobre esta disciplina tan publicitada últimamente llamada coaching y que, en realidad, sólo unos pocos especialistas saben y pueden practicar correctamente, me llamó la atención una tipología sobre las tres diferentes clases de motivación que pueden mover a un trabajador a "comprometerse" con la empresa u organización para la que trabaja, que serían las siguientes:

+ La motivación extrínseca o "de trueque": el dinero como motivación para trabajar
+ La motivación intrínseca o "de artista": el que te guste tu trabajo o puesto de trabajo
+ La motivación trascendente o "de buen samaritano": la motivación de compartir los mismos objetivos y valores de la organización.

No se puede decir que la clasificación sea brillante, ni tampoco novedosa, la verdad, pues de la naturaleza y las motivaciones del ser humano se lleva escribiendo ya unos cuantos siglos pero seguro que a más de una persona le sirve en un momento dado. A mí, personalmente, la lectura de aquello me generó una nueva reflexión sobre la deriva de las cosas en nuestro país. Si, durante los últimos cuatro años, no ha cesado la destrucción de empleo, esto, obviamente, ha ocasionado la competición de un mayor número de personas por una cantidad mucho menor de puestros de trabajo, entre ellos, unos mejores y otros de los que se hacen porque no se tiene más remedio. A la vez, muchos buenos empleos han desaparecido y otros muchos han empeorado sus condiciones (menor salario, más horas, falta de medios materiales, etc.). No creo que nadie vaya a discutirme el hecho de que hoy en España se vive notablemente peor que hace cinco años. Por tanto, no creo que sea disparatado pensar que la mayoría de los que tienen la 'suerte' de trabajar en nuestro país, lo hacen principalmente por la necesidad de obtener dinero y cada vez son menos las personas que tienen el 'privilegio' -aunque yo tendería a considerarlo más bien un derecho- de dedicarse a algo que le guste y dentro de un proyecto con el que se sienta identificado.

Bien, para no irme por las ramas, la reflexión pues es la siguiente: ¿Puede un país salir de una crisis como esta si la opción que queda a la gran mayoría de la gente es la de trabajar únicamente por el dinero? No soy muy optimista respecto a esto. Porque si algo puede diferenciar de hecho a un país respecto a otros es la pasión y la dedicación que pone a lo que hace. Por contra, estamos cayendo peligrosamente en una pérdida de sentido del trabajo y, con ello, se nos escapa buena parte de las posibilidades de recuperarnos, de prosperar como país y de innovar. Desde el punto de vista de la clasificación de las motivaciones, se puede pensar -yo lo veo claro- que estamos inmersos en una 'época de trueque' donde lo único que les queda a la mayoría de las personas es la opción de trabajar a cambio de euros para, con esos euros, pagar facturas, comprar comida y cubrir el resto de las necesidades materiales de la familia; sin la posibilidad de hacer lo que les gusta, ni lo que mejor saben hacer, ni lo que les inspira. Esto significa que se trabaja porque se necesita el dinero a toda costa y otros factores como la autorreantlización profesional o el compromiso social con causas altruistas quedan, como poco, en segundo plano cuando no olvidados. Significa mucha gente con estudios trabajando en empleos para los que no se requiere cualificación y muchísimos trabajadores especialistas y experimentados fuera de su ámbito de desarrollo. En pocas palabras, mucho potencial perdido. A medio y largo plazo, esta va a ser una de las grandes desgracias de nuestro país junto con la ya comentada fuga de talentos. Volvemos a economías del pasado y corremos el riesgo de convertirnos en un país de mano de obra barata.

jueves, 14 de junio de 2012

Ahora más que nunca, hay motivos para creer

El oso pesca mejor al borde del precipicio. Imagen: Picalls.com
Puede que el título de este artículo recuerde a cierto anuncio de Coca-Cola, incluso es más que posible que ahora coincida en alguno de sus argumentos, pero seguramente mi intención no será la misma que la de esta gran multinacional. Mi inspiración creo que es otra, que no tiene nada que ver con vender refrescos aquí y allá. Estas letras surgen más bien de la necesidad de inyectarnos -yo mismo el primero- cierta dosis de motivación para continuar con el día a día que nos toca vivir, totalmente cambiante, incierto y, a veces, desesperante. No nos queda otra y, a pesar de todo, debemos levantar la cabeza y seguir adelante. 

Es difícil, cierto. ¿Cómo hacerlo? Hay que buscar aquellas cosas en las que creer, las ideas que nos ayudan a levantarnos cada mañana por cuestionables que en estos momentos nos puedan parecer y, como leí a cierta escritora: "La fragilidad de un ideal no es buena razón para abandonarlo, sino para luchar por él". A mí, personalmente, me sirve pensar en ciertas cosas, entre las que se encuentran las siguientes creencias:

  • A pesar de la crisis, seguimos siendo solidarios. Aunque desde los poderes públicos se esfuercen con frecuencia en demostrar lo contrario y en fomentar políticas de "Sálvese quien pueda" y muchas personas también hayan tomado esta filosofía por bandera, la mayoría de nosotros seguimos creyendo en la necesaria cooperación entre las personas y la ayuda mutua, sin olvidarnos de los que más nos necesitan. Obviamente, si nos fijamos en cifras macro de la cooperación al desarrollo o en las cantidades que se dirigen a proyectos solidarios concretos podemos echarnos a llorar, pero es igualmente cierto que a nivel micro, las personas dentro de su ámbito más cercano realizan grandes esfuerzos por ayudar a sus familiares, a sus amigos, a sus vecinos... Hay mucha gente que hace todo lo que cree que puede, aunque a veces podemos hacer un poquito más de lo que somos conscientes.
  • Sigue habiendo empresas responsables. En la línea de lo anterior, no todos los empresarios han optado por cerrar el negocio antes de intentar salvarlo de verdad. Todavía quedan muchos que luchan, por salvar los puestos de trabajo de sus empleados y lo que han sido los proyectos de sus vidas. A un ritmo lento, pero crece el número de empresas que se preocupan por desarrollar su negocio de manera responsable, con sus clientes externos, sus trabajadores (clientes internos), con el medio ambiente y con la sociedad. Empresas que se implican en proyectos que les requieren dedicación y recursos pero lo hacen. 
  • Sabemos quiénes son las personas que nunca nos fallan. No son pocos los que se han quitado 'la careta' y han cambiado radicalmente de actitud en cuanto las cosas se han puesto un poco difíciles, dejando tirados a socios, clientes, amigos o colaboradores. Sin embargo, también se ha visto con quién podemos contar en los momentos más duros y en medio de este mar de incertidumbre, cuáles son las personas que realmente no nos van a fallar mientras la decisión de ayudarnos o no esté en sus manos. Ha de tenerse en cuenta también que muchas veces esa decisión, por desgracia, no está en nuestras manos...
  • Estamos en camino de aprender a valorar lo que realmente importa. Hemos vivido tiempos de un consumismo y una superficialidad descontrolados que nos han llevado a la situación actual. Cuanto más hemos tenido, más necesidades han ido naciendo dentro de nosotros. Hemos hecho lo que queríamos cuando queríamos. Ahora, esa inmediatez con la que podíamos dar respuesta a nuestros impulsos más irracionales ya no existe, por lo que estamos en proceso de convertirnos en mejores consumidores, mejores compradores e inversores y, quizás y sólo quizás, también en mejores personas. Nos hemos dado cuenta de que dando un paseo por un sitio cercano pero especial también se encuentra la tranquilidad y no sólo en las playas de Cancún, la gente empieza a sentir la necesidad de tener conversaciones profundas y no tanto de hablar de lo que se va a comprar el fin de semana.
  • Los valores no son tangibles ni palpables, pero existen y se sienten. Sufrimos una crisis de valores, lo pienso. Pero en nuestra sociedad seguimos contando con numerosos ejemplos a seguir en los distintos ámbitos de la vida: gente buena, gente concienciada, gente implicada y que se esfuerza en mejorarse así misma y aquello que le rodea. Cuanto más oscura es la noche, más se ve el brillo de las luciérnagas.
Conclusión: Debemos poner todas nuestras energías en aquello que nos inspira para pasar por encima de todo aquello que nos perturba. Ahora más que nunca, hay motivos para creer.

lunes, 20 de febrero de 2012

Necesitamos retener el Talento

Momento de la película Cómo entrenar a tu dragón
Con una tasa de paro juvenil superior al 46% y con el 65% de los jóvenes españoles dispuestos a emigrar a otros países en búsqueda de trabajo (la cifra se eleva hasta el 98% entre los universitarios), en España sobran trabajadores cualificados para los que la economía nacional no genera oportunidades laborales al nivel de su preparación. Aunque la disposición a la movilidad internacional es un punto positivo de las personas que quieren hacer una buena carrera profesional, en realidad no es lo mismo 'estar dispuesto' que 'verse obligado' a salir fuera, siendo lo más duro de esta situación que gran parte -quizás la mayoría- de aquellos que están saliendo fuera no volverán a nuestro país nunca más porque en el extranjero seguirán disfrutando de un nivel de vida superior al alcanzable aquí. Esto supone que muchos de los miles de millones de euros que el Estado invierte en educación no se aprovechan en España sino que acaban beneficiando a otros países con mayor capacidad de acogida de técnicos cualificados, titulados universitarios y doctores. Paralelamente, esos países continuarán progresando mientras que aquí tendremos menor capacidad de desarrollo e innovación.

Corremos el riesgo de sufrir una grave fuga de talentos y terminar pagando las consecuencias de una constante pérdida de nuestro capital social. 

Existen acciones y medidas que pueden remediarlo. Debemos confiar en que la prometida Ley del Emprendedor dispondrá de medidas de fomento del autoempleo que faciliten la actividad económica a aquellas personas que tienen ideas y capacidades para emprender. Pero para retener será necesario también garantizar que nuestro talento nacional goce de los incentivos necesarios para permanecer en España y no abandonar nuestras fronteras en busca de las oportunidades que aquí no se le ofrecen. Otro aspecto decisivo será el de la financiación, esta debe estar a disposición de las mejores manos y las mejores mentes, no sólo de los bolsillos más amplios. 

Parece que existe algo de movimiento para alertar de esta cuestión esencial para el futuro de nuestro país, pero deberemos actuar de manera explícita, decidida y, sobre todo, acertada, para evitar la fuga y conseguir que los mejores se queden a nuestro alrededor.

viernes, 10 de febrero de 2012

10 ideas de ética empresarial

Ayer fue la presentación oficial del DVD "10 ideas de la Encíclica Caritas in Veritate", una producción de la Fundación Edyde y el Grupo Inforges, en cuya elaboración también ha participado el profesor de antropología Higinio Marín. El audiovisual, inspirado en una carta encíclica del Papa, lejos de hablarnos de religión nos presenta de un modo práctico una serie de valores y principios universales que, de aplicarse verdaderamente a las relaciones económicas, conseguirían que las cosas funcionaran mucho mejor. Desde luego, merece la pena ser visto y compartido.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Políticas para una Europa baja en carbono

Este artículo es el resultado de un guest posting (intercambio de posts) entre el blog Ecointeligencia y este. Como resultado de este intercambio puedes encontrar un artículo mío en aquel blog. El artículo que vas a leer aquí a continuación es obra de Ricardo Estévez (@ricardo_estevez), un emprendedor apasionado de las nuevas tecnologías, implicado con el medio ambiente y con una extraordinaria capacidad personal de impacto. ¡Hacen falta más empresarios así! Su artículo es un estimulante análisis de la situación de las políticas energéticas en Europa que nos debe llevar a la implicación con el cumplimiento de los objetivos climáticos y hacia el optimismo.

A mediados de 2009 los países de la Unión Europea anunciaron el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero al menos en un 80% respecto a los niveles de 1990 para el 2050. Para ello la Fundación Europea para el Clima (ECF) realizó un estudio denominado Hoja de Ruta hacia 2050: una guía práctica para una Europa prospera baja en carbono en el que se incluían políticas a abordar en los próximos años. De esta manera, la Unión Europea (UE) ha apostado por un desarrollo bajo en carbono como palanca de cambio hacia la economía verde y sostenible.

En esta Hoja de Ruta se establecen las claves para que la UE pueda convertirse en una economía hipocarbónica o baja en carbono, más respetuosa con medio ambiente y más competitiva, donde la competitividad nos llegará, principalmente, por una mayor eficacia y eficiencia energética, y por la mejora de la balanza de pagos, debido a la reducción de las importaciones de productos energéticos.

A modo de resumen introductorio revisemos las premisas y compromisos ya asumidos por al Unión Europea y sus estados miembros:

·    Conseguir una Europa que utilice eficazmente todos sus recursos, y en especial, los energéticos.
·    A través de los conocidos como los Objetivos 20/20/20, los Estados miembros se han comprometido ya a reducir un 20% las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), aumentar hasta un 20 % la parte de las energías renovables en la energía final de la UE y lograr el objetivo de un 20% de mejora en la eficiencia energética de aquí a 2020.
·        Para contener el incremento de temperatura por el cambio climático por debajo de los 2º C, el Consejo Europeo reafirmó en febrero de 2011 el objetivo de la UE de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero entre un 80% y un 95% de aquí a 2050 respecto a los niveles de 1990.

Volviendo a la Hoja de Ruta, en ella se identifican las posibles actuaciones hasta 2050 que permitirían a la UE reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de conformidad con el objetivo acordado, incluyendo los objetivos intermedios 2020, 2030 y 2040, los retos políticos y las necesidades y oportunidades de inversión en los diferentes sectores. Es importante tener en cuenta que el objetivo de reducción del 80% al 95% de la UE debe alcanzarse en gran parte a nivel interno, es decir, sin recurrir a los llamados mecanismos de flexibilidad previstos en Kioto (por ejemplo, mercados de carbono y mecanismos de desarrollo limpio) que es de suponer persistirán en los nuevos acuerdos multilaterales que salgan en la próxima Cumbre de Durban.

El análisis de las distintas hipótesis realizado por la Fundación muestra que la vía económicamente ventajosa sería una reducción de emisiones internas del orden del 40% y del 60%, respecto a los niveles de 1990, en 2030 y 2040, respectivamente, debiendo alcanzarse una reducción del 25% ya en 2020. Lo que significa una reducción anual significativa, del orden del 1% en la primera década hasta 2020, del 1,5% en la segunda década, de 2020 a 2030, y del 2% en las dos últimas hasta 2050, graduando el esfuerzo con el tiempo a medida que se disponga de un conjunto más amplio de tecnologías viables. Sin olvidar que estas son reducciones mínimas ya que responden al objetivo más bajo, el 80% en 2050, de la franja deseable 80-95%, aunque se asume que se hacen a nivel interno, lo que da un cierto margen.

Según esta Hoja de Ruta, si se aplicaran las políticas actuales, incluido el compromiso de lograr un 20% de energías renovables y un 20% de eficiencia energética de aquí a 2020, la UE podría superar el objetivo actual de reducción de emisiones del 20% y conseguir una reducción del 25% para 2020.

Para conseguir una economía baja en carbono resulta indispensable la implementación completa del Plan Estratégico Europeo de Tecnología Energética, que requiere una inversión adicional de 50.000 millones de euros en I+D+i en los diez próximos años, y para cuya financiación la Comisión Europea propone que se utilicen los ingresos derivados de las subastas de derechos de emisión y parte de los fondos de la política de cohesión.

Otro aspecto clave del análisis es el de las posibilidades de reducción en distintos sectores clave, algunos de gran interés para España, que se puede beneficiar de estos planteamientos ambiciosos dada su posición privilegiada. Hablaríamos no solo del sector eléctrico, por su potencial en energías renovables, sino también del sector del  transporte, por su capacidad tecnológica en infraestructuras ferroviarias, y del sector agrícola y ganadero, por su potencial tanto en planteamientos tanto extensivos como intensivos.

Con los breves apuntes expuestos, es fácil deducir que nos encontramos ante opciones estratégicas trascendentales para la UE y para nuestro país, en particular en materia energética, donde no basta gestionar los cambios sino que debemos anticiparlos, protagonizarlos y liderarlos. España tiene la oportunidad de liderar la llamada Tercera Revolución Industrial esta vez basada en el abandono de los combustibles fósiles y desarrollo de las energías renovables. Para ello creemos indispensable abandonar el corto plazo y apostar con nuevas políticas, con horizontes a medio y largo plazo, siguiendo las pautas marcadas por esta Hoja de Ruta comunitaria que nos tiene que llevar para una economía baja en carbono para 2050.

viernes, 20 de mayo de 2011

La campaña se animó, pero por los indignados

Artículo publicado para Vega Media Press.

Seamos sinceros. Sin desmerecer a ningún candidato ni candidata, en nuestra Región hemos vivido una campaña electoral bastante pobre. Pobre por falta de emoción en lo que a probabilidades de cambio de gobierno se refiere, de acuerdo con unos sondeos que reflejan distancias abismales entre partidos. Pero pobre también porque apenas se ha hablado de programas, ni de propuestas, ni de soluciones y, en general, hemos escuchado pocas ideas nuevas. Tampoco ha habido debates entre los principales candidatos. Además, los grandes mítines se demuestran cada vez más desfasados como canal de contacto con el votante y se quedan en meros actos de militantes que tienen escaso efecto social fuera del pabellón, hotel o plaza de toros en los que se celebren. Por si eso fuera poco, lo que pasó desgraciadamente en Lorca (y seguirá sin resolver hasta que todo el mundo esté de nuevo en casa, no nos olvidemos) ni que decir tiene que ha cambiado mucho el ambiente previo a la llamada ‘fiesta de la democracia’, es decir, la jornada de elecciones municipales y autonómicas que nos toca. Después de lo sucedido en Lorca, la campaña no se podía continuar como si nada hubiera pasado. Se retomó, pero teniendo a las víctimas y a los afectados por el terremoto muy presentes.

Cuando parecía que ya solo teníamos que esperar hasta el domingo y cumplir con el trámite de ir a votar, las manifestaciones que se han venido realizando desde el 15 de mayo y que han generado acampadas en el centro de ciudades de toda España han animado inesperadamente la campaña electoral en su tramo final, eclipsando incluso la agenda de campaña de los partidos. La movilización de un sector joven de la población que se ve sin futuro ha superado las expectativas iniciales y ha creado el germen de un movimiento mucho más amplio y diverso. No tiene una única voz pero la mayoría de los movilizados coinciden en que son necesarias mayores cuotas de democracia, más allá de la periodicidad de las convocatorias electorales, y soluciones urgentes a los problemas de los ciudadanos, principalmente el desempleo y la pérdida generalizada de calidad de vida. La verdad es que dada la situación política y económica que vive nuestro país ya iba siendo hora de que alguien protestase con energía ante estas realidades.

Sin embargo, es pronto para hacerse ilusiones. Todavía falta por ver si la protesta sirve solo para que los políticos actúen apagando el fuego y se cuelguen las medallas de responder a las demandas de la población o si sirve para que la ciudadanía tome definitivamente el poder. El movimiento está aún sin consolidar. Habrá que seguirlo de cerca para ver cómo evoluciona y ver si es capaz de conservar su naturaleza de corriente crítica. Primero, habrá de comprobarse que la protesta va más allá de un calentón pasajero. Luego, habrá de demostrarse que los que han iniciado esto saben mantenerse en su sitio y aguantan los pulsos que les echen. Si los individuos pierden el control del movimiento y este se instrumentaliza por los grupos de siempre, entonces se escapará una buena oportunidad para mejorar el funcionamiento de nuestra democracia y conseguir que se adopten medidas como la reforma del sistema electoral, la limitación de los mandatos, sistemas de transparencia política y de democracia directa, etcétera.

En cualquier caso, lo que a mí como ciudadano me preocupa más es que este movimiento de los indignados, la ‘Spanish revolution’, pone de manifiesto el deterioro de la política en nuestro país y la carencia estructural de nuestro sistema político para que se emprendan reformas democráticas de calado dentro de una normalidad y sin la necesidad de llegar a este tipo de situaciones. Las campañas serían mucho más bonitas y animadas si la relación de los ciudadanos con los políticos y con el sistema de gobierno fuera un tema mucho más habitual en el debate político así como en los programas electorales. Y nos iría bastante mejor si el desarrollo de nuestra ciudadanía no fuera sólo el último recurso al que recurrimos cuando ya nos vemos sin salida ante problemas que se vienen arrastrando desde hace ya tiempo.

lunes, 2 de mayo de 2011

Comunicar la crisis: política y economía más unidas que nunca

Comunicar en tiempos difíciles se puede parecer más al arte de la negociación que al de comunicar en sí mismo. Cuando no se tienen grandes ilusiones que vender o cuando, a pesar de tenerlas, al público no le importa en absoluto aquellas cosas buenas que un gobierno pueda estar haciendo o las que anuncia que desea hacer y, además, comienza a hacer saña de cada uno de los errores que comete, entonces ese gobierno tiene un gran problema. El público, la ciudadanía, tiene unas demandas sobre las que se centra por absoluto su atención y no desea saber de ningún otro tema que no sea sus urgentes peticiones. En tal situación, la prioridad del político en el gobierno –si quiere permanecer en el cargo y no poner fin a su carrera política de por vida- debe ser la de resistir frente al temporal y evitar que el sentido de la opinión pública vaya a peor hasta que llegue un momento en que esa opinión pueda mejorar.
Imagen: Picalls.com
La actual coyuntura, una crisis económica global que en países como el nuestro ha calado más profundamente y cuya única solución hasta el momento pasa por reducir gasto público y consumo[1] (energético, especialmente) está llevando al ciudadano medio español a situaciones que plantean en muchos casos serias dificultades de subsistencia e incluso riesgo de exclusión social y, con carácter global, a una pérdida evidente de nivel y calidad de vida de la mayoría de los españoles. Ante tal contexto, no es de extrañar que los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) desde hace un tiempo vengan situando al paro y a la economía en primer y segundo lugar entre las preocupaciones de la opinión pública española[2]. Cada problema tiene su significación específica: el paro tiene una fuerte connotación individual (preocupación por las consecuencias personales de estar en el paro o de caer en él) y la preocupación por la economía además incluye una significación un tanto más global por aspectos macroeconómicos que afectan al país y a los ciudadanos al nivel de sociedad (recortes sociales, reducción de la inversión pública, subida de los intereses bancarios, declive de ciertos sectores económicos, congelación de salarios y pensiones, etc.).

Por otra parte, los mismos barómetros del CIS desvelan que la clase política y los partidos políticos están considerados como el tercer gran problema del país, muy por encima del resto de problemas[3]. Su presencia en el podio se debe seguramente a que los ciudadanos les responsabilizan en gran medida de la situación económica que vivimos, no porque fuera evitable la crisis, sino porque no se está saliendo antes de ella. Pero también porque como sector dirigente de la sociedad no están sabiendo responder positivamente al reto político que plantea la crisis económica y, en lugar de ofrecer una imagen de labor constructiva, están siendo vistos como parte del problema económico y como problema en sí mismos. Es posible que los españoles nos estemos preguntando en este momento ¿puede un problema solucionar a otro?

En periodos de estabilidad y normalidad socioeconómica sabemos que el gobierno tiene una gran capacidad de agenda-setting, siendo controlados en su mayoría los tiempos a los que salen cada uno de los temas a la opinión pública según el interés político del propio gobierno.  Hay situaciones, en cambio, como un periodo de guerra contra otro país, como el sufrimiento de una catástrofe natural y el caos que posteriormente genera o como el momento prolongado de crisis económica que actualmente vivimos, en las que, la importancia del contexto es tan fuerte que el propio contexto se impone como objeto principal de los discursos políticos. De este modo, la crisis es a la vez contexto y mensaje político.

La relación de la economía con la política siempre ha sido importante. De hecho, los técnicos de la administración pública identifican a los Presupuestos Generales del Estado con el “programa político” del Gobierno. Según su mentalidad, todo hecho político –por simbólico que sea- conlleva su gasto. También hay ramas de la economía que están consideradas eminentemente políticas. Sin embargo, al contrario de lo que se pudiera imaginar, la crisis no ha supuesto un mayor protagonismo político de los economistas fuera y dentro del Gobierno sino que, en su lugar, los políticos más “políticos” son los que han ganado posiciones. En el Gobierno, el cambio de titular del Ministerio de Economía en septiembre de 2009 supuso ya de por sí la sustitución de una figura de mucha relevancia personal por otra mucho menos mediática, más gris y de criterio menos independiente, cuanto menos en sus manifestaciones públicas. La explicación más probable a este hecho es que, al no ser nada esperanzadores los datos económicos con los que se cuenta por el momento lo que interesa es hablar lo menos posible de economía propiamente dicha y polemizar lo máximo posible con la oposición para que los factores que juegan en su contra parezcan más relativos. El papel pues del economista político pierde importancia a favor del político profesional y generalista. Esta clase de político es capaz de pasar del Ministerio de Defensa al de Medioambiente y de éste al de Industria porque no tiene unos conocimientos especializados en ninguna materia sino que su especialización es en la labor política en general.

Quizás, una conclusión a esto sea que, aunque el contexto especial que vivimos hace que política y economía estén más unidas que nunca, el debate se aleja cada vez más de términos económicos y se convierte en mucho más político. Aunque la crisis sea el eje de la estrategia comunicativa tanto del Gobierno, como de la oposición, como de los sindicatos y otros agentes sociales, lo que desean todos ellos es beneficiarse políticamente de la crisis, para lo cual la economía en sentido estricto importa más bien poco y lo que realmente prevalece es la búsqueda de orientar la opinión pública a su favor.


[1] Lo cual provoca que la cifra de desempleo no deje de aumentar
[2] El último barómetro del CIS, estudio 2885 de abril de 2011, sitúa al paro con un 82,8% de respuestas y a los problemas de índole económica con un 47,3%.
[3] En el mismo barómetro señalado, la clase política y los partidos políticos obtienen un 21,5% de respuestas, siendo el siguiente problema la inmigración con un 12%. Además, hay otro 5,6% que señala como problema conjuntamente al Gobierno, a los políticos y a los partidos.