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lunes, 23 de abril de 2012

La lealtad en las organizaciones

Frodo Bolson y su fiel amigo Samsagaz Gamyi en El Señor de los Anillos 
Seguramente todos tenemos claro qué significa para nosotros mismos el concepto de lealtad y posiblemente la mayoría nos pondríamos de acuerdo en una definición común. Sin embargo, en la práctica, existen diversas situaciones en las que incluso las personas más cercanas como familiares o amigos no se pondrían de acuerdo. Por ejemplo, ¿es más leal dejar que alguien se equivoque al hacer algo y aprenda de su error o, directamente, impedirle que lo haga? La lealtad a veces supone hacer algo que nadie nos ha pedido y a veces supone no hacer algo, aunque nos lo pidan o, incluso, nos lo ordenen. Pensar en términos de lealtad parece complicado, sencillamente por que lo es. Sin embargo, resulta todavía más difícil pensar en cualquier organización que pueda funcionar sin que exista en ella un cierto nivel de lealtad entre sus miembros y de los miembros hacia la organización.

El economista y pensador, Albert O. Hirschman, desarrolló en los años setenta del siglo XX una potente teoría sobre la lealtad de los individuos hacia instituciones, empresas y organizaciones a las que pertenecen o con las que tienen algún tipo de relación económica, social o de otro tipo. En su obra, Salida, voz y lealtad, relaciona dos aspectos como la salida (abandono) y la voz (protesta) en las organizaciones como indicadores que nos sirven para medir la lealtad. No obstante, el análisis que realiza no es para nada simple, pues considera que ni el abandono ni la voz son siempre síntoma de deslealtad, ni de lo contrario. Para Hirschman, la lealtad se manifiesta verdaderamente cuando el individuo no abandona una organización a pesar de cuando esta se encuentra en deterioro y, aún pudiendo sustituirla por otra organización o actividad, permanece en ella con la esperanza de que vuelva a mejorar o que, al menos, no siga empeorando.

Se pueden deducir muchas aplicaciones prácticas de ese racionamiento y, en general, de la experiencia que todos tenemos de nuestra participación en organizaciones, para llegar ahora a algunas -sólo unas pocas, entre las muchas posibles- conclusiones sobre la lealtad en estas:
  • La lealtad se demuestra dando la cara cuando todo va bien y, también, cuando todo va mal.
  • Exponer los problemas de manera constructiva y facilitar soluciones es más leal que esperar a que exploten y pongan en peligro la unidad interna y la posición social de la organización.
  • Los voluntarios de la organización (empezando por el patronato y/o la directiva) deben asumir que será la organización la que se beneficie de ellos y no al revés.
  • Las dimisión es una forma indudable de lealtad, cuando no se puede responder a las necesidades de la organización o cuando se quiere manifestar la necesidad de un cambio importante de rumbo.
  • Quienes dirigen la organización deben favorecer la renovación interna, continuando en la organización aunque sea sin ningún cargo o puesto concreto, aportando experiencia de manera positiva sin esperar nada a cambio.
  • La lealtad a una organización supone un alto nivel de compromiso, significa estar dispuesto a renunciar a otras opciones igual de buenas o interesantes pero incompatibles.
No parece nada fácil, y menos aún con los tiempos que corren, poder mantener la lealtad en una organización cuando esta probablemente se está desgastando. Pero hay que tener mucho ojo también con aquellos que parecen estar dispuestos a darlo todo en los momentos de éxito y cuando las cosas no van tan bien desaparecen entre una nube de humo como los mejores ilusionistas. Lo que está claro es que la lealtad entre los miembros de la organización y hacia la misma genera confianza y hace los proyectos más viables y satisfactorios a largo plazo. Y lo que queda claro, también, es que la lealtad es cosa de todos.

domingo, 26 de febrero de 2012

Cinco ejes del éxito de una organización

Escena de la película Bee Movie
La experiencia me ha demostrado que cualquier organización -ya sea asociación, plataforma social, movimiento político o colectivo profesional- va a requerir una serie de factores claves, imprescindibles, de los que dependerá el éxito e incluso la supervivencia de la organización. De no darse estos factores, con toda probabilidad la organización caerá en el estancamiento, la acumulación de problemas, la inactividad, el olvido y, en ocasiones, hasta la crisis que desemboca en la propia desaparición. Es por eso que, para alcanzar el éxito, toda organización que se precie deberá buscar un alto rendimiento en cinco ejes fundamentales:

1. Buena imagen. Una organización no podrá cumplir sus objetivos si no goza de una buena reputación que le permita participar en la vida social y establecerse como interlocutor ante otras organizaciones y ante  las instituciones públicas. La comunicación de la organización, debe tener como fin generar el máximo prestigio y el mínimo rechazo. Un funcionamiento transparente y ejemplar servirá de ayuda para que la organización se sitúe como referente en su ámbito.

2. Liderazgo. Está comprobado que ninguna organización pervive sin el liderazgo fuerte de una persona o un grupo reducido de ellas que ejerzan la función de 'tirar del carro'. El líder es necesario para aportar una visión general de la organización y detectar las oportunidades de éxito que no siempre se muestran de forma clara. Además, la existencia de líderes supone un atractivo añadido a cualquier organización y una fuente de motivación para los miembros.

3. Implicación directiva. Para que el líder o los líderes no acaben acusando el desgaste de cargar con todo el peso de la organización sobre sus hombros, siempre será necesaria una importante implicación del grupo de personas que conforman la dirección de la organización. Un buen reparto de funciones entre el equipo directivo será esencial para que cada uno acabe haciendo lo que mejor se le da hacer, evitando entrar en discusiones infructuosas sobre cómo hacer ciertas cosas. Si tienes un experto en tu equipo, delega en él. La dirección de la organización siempre tiene que estar abierta a la entrada de aquellas personas que más pueden aportar y a la salida de aquellas que menos participan.

4. Representatividad. Toda organización que persiga el éxito necesita ser representativa de las personas a las que dice representar y no únicamente una marca gestionada por tres o cuatro personas con intereses particulares. Para ello, será imprescindible un funcionamiento democrático y participativo dentro de la organización. Sólo así se puede lograr a largo plazo un alto nivel de identificación de las personas con la organización a pesar de que los líderes puedan cambiar. Es más, mayor será el éxito de la organización si se genera un sentimiento de estar todos en el mismo barco y de remar en la misma dirección.  

5. Rentabilidad. Finalmente, cualquier organización debe proporcionar unos beneficios a sus miembros. Estos no tienen que ser necesariamente de tipo económico, también pueden tener que ver con el reconocimiento o prestigio social o con la mera satisfacción participar en algo que consideramos importante. Cuando se producen esfuerzos continuados que acaban en fracaso aumentan las probabilidades de desapego a la organización y la permanencia en ella dependerá de un hilo. Para muchos, la rentabilidad de pertenecer a la organización será el simple hecho de ver que los proyectos en los que se ha invertido el tiempo salen adelante en beneficio del colectivo.

¿Cómo ves a tu organización? ¿Está fuerte en los cinco ejes? Posiblemente habrás identificado puntos en los que mejorar. Trabaja en ellos, es posible.

sábado, 12 de marzo de 2011

Cómo canalizar positivamente la política en la empresa y las organizaciones

Todos sabemos que la política existe porque o bien nos gusta, o nos molesta o nos resulta indiferente pero vemos a otras personas que sí les interesa y mucho. Sabemos que existen políticos que se dedican con mayor o menor dedicación a ejercer una labor en las instituciones y que lo hacen mejor o peor. También sabemos que cada cierto tiempo hay que votar para que sigan gobernando los mismos o para que gobiernen otros, y que esos gobiernos toman decisiones que unas veces nos benefician y otras nos perjudican. Además existen los telediarios, los informativos de radio y los periódicos que nos ofrecen todos los días titulares y noticias; todos nosotros estamos al corriente de las principales noticias de política, aunque sea sólo un poco. 

Ahora bien, de lo que muy pocos se dan cuenta es que, aparte de ser algo que está ahí, de ser un ámbito de la vida como puede ser el arte, la música o el deporte, la política es como un manto de niebla que lo envuelve todo y que afecta a casi todos -o sin el casi- los aspectos de nuestra vida, muy especialmente los que tienen que ver con nuestra relación con los demás. Negar la importancia de la política supone abrir un portón para que esta se convierta en un problema grande de nuestra vida y si la política tiene una cualidad que nadie duda en reconocerle, esa es su capacidad para generar problemas.
Secuencia de la película In the loop
La subida del precio de la gasolina, los recortes de salario, el paro, despidos masivos... Son problemas que tienen gran parte de su origen en la política y son problemas capaces de amargarnos la vida a más de uno cuando nos afectan de cerca. Cuando empeora la confianza en los gobiernos, las bolsas bajan. Si un lunes por la tarde te enteras de que van a despedir a tu hermana de su trabajo debido a una medida aprobada por el gobierno, es imposible que el martes por la mañana puedas ir al trabajo de buen humor

Pues bien, cuando uno trabaja en una empresa o forma parte de una organización tiene que saber canalizar sus opiniones e ideas políticas para que estas en lugar de significar una fuente de conflictos con los demás puedan convertirse en puentes hacia nuestros compañeros. Lo que nos interesa es que el intercambio de opiniones fortalezca los lazos de convivencia y enriquezca la cultura de nuestra empresa u organizaciónAlgunos consejos para conseguir canalizar de manera positiva la política en la empresa y las organizaciones son:

1. No permitir ideologías extremas en nuestra empresa u organización. Bajo ningún concepto se puede aceptar la justificación de la violencia, el racismo, la xenofobia, la homofobia o actitudes semejantes. Estas formas de pensamiento se basan en una lógica amigo-enemigo que, además de no ser nada buena para la convivencia, atenta contra los pilares básicos de la cohesión social y los principios del sistema democrático. Personas que piensen así deben ser desechadas de cualquier puesto de trabajo hasta ser rehabilitadas psicológica y socialmente.

2. Poner en práctica grandes dosis de tolerancia. Siempre nos vamos a encontrar con personas que piensen distinto a nosotros y cuyo estilo de vida sea contrario al nuestro. Sin embargo, hay que aceptar que cada uno es libre de tener su propio pensamiento y que todos podemos hacer con nuestra vida lo que queremos mientras no hagamos daño a los demás. Poner en práctica la tolerancia significa no molestarse con el otro porque sea distinto a mí y no tener en cuenta esas diferencias a la hora de trabajar juntos.

3. Más allá de la tolerancia está el respeto. Cuando una persona ha aprendido a ser tolerante se quita de encima muchos prejuicios que antes no le dejaban ver cosas positivas de sus compañeros. A partir de ese momento es cuando se pueden construir relaciones de respeto. Respetar y sentirse respetado es reconfortante y nos hace sentir valorados. Es más respetable, en mi opinión, una persona de fuertes convicciones aunque sean contrarias a las mías que una sin ningún tipo de convicciones ni valores.

4. Habilitar momentos y espacios para hablar de política. Los momentos adecuados para hablar de política pueden ser al llegar, al irse, durante el café, al compartir un viaje... Y siempre en un espacio en el que puedas estar relajado ante la persona con la que hablas y puedas mantener un contacto visual directo con ella, no cada uno pegando voces desde su mesa.

5. No hablar nunca como si se tuviera la razón absoluta, pues nadie la tiene y mucho menos cuando el tema tiene que ver con política. Si damos las cosas por sentado y no dejamos opción a otros a que cambien mínimamente nuestra forma de ver las cosas, es más que probable que los demás pierdan pronto el interés por hablar con nosotros. Además, podemos estar seguros de que la opinión con la que se quedarán sobre nosotros no será buena.

6. Tener en cuenta que la política distrae muy fácilmente del trabajo y, aunque a veces necesitemos expresarnos, no podemos convertir nuestro lugar de trabajo en el plató de una tertulia.

7. Crear ocasiones fuera del horario laboral para discutir más largo y tendido de cuestiones políticas y sociales, además de otros temas de tipo personal y familiar, como cenas, cocktails, minitorneos deportivos, salir de cañas... No hace falta ser uña y carne con los compañeros del trabajo, ni con los jefes, pero de vez en cuando un rato juntos "por gusto" no hace mal a nadie.

8. Aprovechar las redes sociales como Facebook o Twitter para intercambiar opiniones, eso sí, fuera del horario laboral. Si canalizamos la política de manera intencionada en el trabajo es para ser más productivos, no para perder el tiempo y trabajar menos.

9. Buscar puntos de encuentro entre opiniones. Siempre los hay si sabemos escuchar a los otros por muy alejadas que estén nuestras posiciones de partida. A veces, sin embargo, se hará necesaria la intervención de un tercero que juegue el papel de diplomático o conciliador para poner fin a las discusiones.

10. Aplicar sentido del humor, es un gran indicador de inteligencia. Comportarse como hooligan de un partido no ayuda a nadie a la larga a ser respetado ni a caer bien, ni siquiera entre sus propios correligionarios. La gente con buen humor que sabe que las personas están por encima de cualquier cuestión política son las que más lejos llegan en la vida.

Si conseguimos poner en práctica estas técnicas es posible hablar abiertamente de cualquier tema, sin necesidad de ocultar nuestras opiniones y sin dejarlas bullir de manera latente pudiendo estallar en cualquier momento de forma poco cordial, después de haber visto cómo se organizaban corrillos y de haber oído muchos murmullos. Siguiendo los anteriores consejos, nos encontraremos más a gusto en nuestro lugar de trabajo y más libres de ser nosotros mismos, concediéndoles a los demás la misma oportunidad de sentirse igual de bien.